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Entrevista sobre el libro
PREGUNTA: ¿Has encontrado
dificultades para conseguir que la historia, narrada
en primera persona durante más de quinientas
páginas, mantenga el pulso narrativo?
RESPUESTA: Las dificultades no residen en utilizar la
primera persona, recurso narrativo ya muy viejo y que
tiene sus límites pero son bien sabidos. Lo verdaderamente
difícil, lo que ha constituido un reto original
del que me siento especialmente orgullosa, es escribir
en primera persona y en presente continuo. Y el presente
continuo significa que la protagonista, por ejemplo,
no puede decir: "Ha caído un rayo",
sino que va explicando lo que siente: "Un estallido
blanco dentro de los ojos. Aturdimiento. Llamas crepitantes.
Un rayo. Ha caído un rayo sobre el árbol".
Conseguir mantener este tono durante 536 páginas
es complicadísimo, y creo que lo he logrado.
Y eso es lo que hace que la novela parezca distinta
y lo que le confiere su ritmo vertiginoso y su capacidad
atmosférica y sensorial, porque al leer te metes
dentro de la cabeza y de los sentidos de Leola, la protagonista
y narradora.
P: En estos momentos vivimos el auge actual
de la novela histórica. ¿Esto te ha condicionado?
Qué intereses te han movido a la hora de elegir
la trama y los personajes?
R: Siempre digo que los escritores deben escribir aquellos
libros que le son necesarios, las historias que pugnan
por emerger. Tú no escoges tus temas, sino que
los temas te escogen a ti. Esta novela empezó
a gestarse hace unos ocho años, mucho antes de
que comenzara esta moda de las novelas medievales. De
hecho, hace cinco o seis años ya introduje en
mi novela El corazón del Tártaro un par
de historias medievales que salieron del borrador de
Historia del Rey Transparente y que vuelven a aparecer
aquí de modo secundario. Por otra parte, el marco
medieval fue algo que surgió naturalmente. Me
gusta mucho la historia, la historia de verdad, porque
por lo general no me gustan las novelas históricas.
En concreto, hace como una década pasé
por una etapa de pasión lectora por los libros
de historia medieval y también por los textos
de autores medievales, como Chretien de Troyes o María
de Francia. Durante tres años o así leí
por puro placer muchísimos libros de ese tipo,
y fue por eso, porque estaba inmersa en ese "habitat"
mental, por así decirlo, por lo que se me ocurrió
esta novela. Por otra parte, y aunque está muy
documentado y me parece que proporciona una visión
bastante plástica de la época, de sus
mitos, de sus sentimientos y sus costumbres, creo que
mi libro no es una novela histórica. Si tuviera
que encuadrarla dentro de algún género,
diría que es una novela de aventuras con trastienda
y con ingredientes fantásticos. Aunque no te
niego que, durante el largo proceso de maduración
del libro, asistí con cierta inquietud al nacimiento
de esta moda medieval... justamente por miedo a que
algunos confundieran mi novela y me hicieran preguntas
como la que tú has hecho. Pero cada libro tiene
su ritmo de maduración y no podía terminarlo
antes. Y, por otra parte, tengo la pequeña soberbia
de creer que mi novela es, por lo menos, original, y
que no puede confundirse.
P: ¿Has seguido algún modelo
literario para lograr un lenguaje que no resultara anacrónico?
R: Una de las cosas que no me gustan de las novelas
históricas es ese esfuerzo que algunos autores
hacen por recrear el lenguaje de, por ejemplo, el siglo
XIV, o del siglo que sea.... Cosa que me parece absurda,
teniendo en cuenta que estamos en el siglo XXI y que
todo autor debe aspirar a escribir con un lenguaje nuevo,
con una voz radicalmente propia. De manera que lo que
yo he intentado es encontrar una voz fabulosa, una voz
mítica, poética y legendaria, un lenguaje
sólo mío, y la única cautela que
he tenido es procurar que no resultara chirriante con
la época. Por ejemplo, no puedes decir cosas
tan comunes como "pasaron unos segundos",
porque el concepto de segundos no existía en
aquel entonces. Pero fuera de eso, he procurado que
fuera un lenguaje absolutamente propio. Historia del
Rey Transparente es una fábula, un cuento para
adultos que intenta reflejar una visión del mundo
y de la vida, y me he esforzado por buscar una voz narrativa
universal y fuera del tiempo, porque las leyendas esenciales
son todas así, universales e intemporales.
P: Los mitos y leyendas forman parte sustancial
de la mentalidad de la Edad Media. ¿Qué
papel desempeñan en la novela?
R: Para mí todo el libro es una especie de gran
fábula. Y la fábula es la vía por
la que los humanos nos acercamos al gran agujero negro
que tenemos dentro, intentando poner palabras a lo indecible.
Creo que los temas más esenciales, más
grandes y profundos de nuestra existencia sólo
pueden ser abordados por medio de cuentos, de leyendas,
de mitos. Las religiones son eso, en definitiva. Y también
los cuentos con los que explicamos el mundo a los niños.
Son titubeantes intentos de entender lo enorme y lo
incomprensible.
P: Existe un fondo moral que apela a la ayuda
a los más débiles, a la libertad de conciencia,
a la igualdad... Cuestiones que también hoy se
plantean, con otros matices. ¿Qué nos
enseña en este sentido la historia?
R: A mí me interesó el siglo XII porque
creo que es el comienzo de nuestra modernidad. Mi teoría
es que eso que hoy llamamos Renacimiento no es más
que los restos del naufragio del verdadero Renacimiento,
que sucedió en el XII y parte del XIII, porque
fue una época de esplendor protodemocrático,
un siglo de progreso fascinante. Empezaron a darse las
cartas de libertad a los burgos, la escritura y la lectura
salieron de los monasterios y se extendieron entre la
burguesía y la nobleza, hubo una verdadera revolución
en el papel social de las mujeres, comenzaron las nociones
del individualismo moderno... Toda esa fuerza liberadora
fue aplastada por las armas y las hogueras de la represión,
pero los represores siempre asumen parte de lo que reprimen,
y de ahí, de esos restos, salió el Renacimiento.
En ese siglo, en fin, se dio una lucha trascendental
entre la luz y las tinieblas, y creo que ahora estamos
en un momento semejante, en un mundo de trincheras entre
la evolución democrática y el retrogradismo
fundamentalista. En cualquier caso, Historia del Rey
Transparente no habla del siglo XII, aunque ese sea
el marco temporal. Yo he intentado hacer una de esas
novelas cosmogónicas en las que el autor dice:
"esta es mi idea del mundo y de la vida".
De manera que de lo que quiero hablar es de este mundo
y de esta vida.
P: En el enfrentamiento entre la Iglesia católica
y los cátaros, la primera aparece casi siempre
con tintes tenebrosos y los segundos como un dechado
de bondad…
R: Pues creo que no comparto tu enunciado. En el libro
se habla de una Iglesia católica buena, la Iglesia
del siglo X que creó la Tregua de Dios. Y se
habla de los franciscanos, y hay personajes católicos
como la abadesa de Fausse-Fontevrault que son positivos.
Pero, aparte de eso, la novela trata de la lucha del
Poder retrógrado contra las fuerzas del progreso.
Y resulta que en esos años el Poder aplastante
y retrógrado lo encarnó la Iglesia oficial
católica, junto con el Rey de Francia. Fue una
época especialmente oscura de la Iglesia; de
hecho, fue entonces cuando se creó la Inquisición,
justamente contra los cátaros. En aquellos años
no existían los ateos ni los agnósticos.
Todo el mundo era creyente. De modo que ese movimiento
de progreso al que antes me he referido tenía
que tener también una traducción y una
representación religiosa. Y los religiosos que
personificaron ese salto de modernidad fueron los cátaros,
y es verdad que eran sorprendentemente tolerantes, racionales
y progresistas, sobre todo para la época. E insisto
una vez más: mi interés primordial no
reside en juzgar conflictos pasados, sino en hablar
del mundo y de la vida. De todo aquello que es universal
y que se dio entonces y también se da ahora.
P: Los personajes más simpáticos
de la novela son los deficientes físicos o mentales
que se van uniendo a la troupe de Leola, como si el
estar cuerdo o sano en el mundo llevara consigo el peligro
de corrupción y crueldad. ¿Sigue siendo
así?
R: Yo creo que en general mis personajes son todos muy
cuerdos.... son más cuerdos que los demás,
precisamente, porque asumen su condición herida
y marginada. Son personajes con alguna debilidad o alguna
carencia, pero es que yo me siento así. ¿No
somos todos, en el fondo, un poco cojos, un poco anormales,
un poco inválidos? ¿No nos sentimos muchos
de nosotros un poco monstruos, ante la regla opresiva
de la ortodoxia y la convencionalidad?
P: Como periodista, ¿a qué personaje
de los cientos que pueblan la novela le gustaría
entrevistar a fondo Rosa Montero?
R: A ninguno. He estado dentro de la cabeza de todos,
me he vivido dentro de todos y les conozco demasiado.
Las entrevistas no suelen funcionar bien cuando conoces
demasiado al personaje. Pero sí te puedo decir
cuáles me gustan más... Aparte de Leola,
la protagonista, y de su compañera Nyneve, la
bruja de conocimiento, que me encanta, me fascinó
Dhuoda, la Dama Blanca, que de ser un personaje mucho
menor empezó a crecer y crecer y a comerse la
novela... con su complejidad, su fuerza y su maldad.
Y me gusta muchísimo León, el herrero.
Yo quisiera encontrar un León en mi vida real.
De alguna manera, León es el contratipo positivo
de Dhuoda. Los dos son personajes que han sufrido mucho,
pero ella ha hecho de su sufrimiento un infierno porque
cree que el mundo le debe todo, mientras que León
ha sabido sacar de su dolor una enseñanza fundamental,
aquello que nos convierte en plenos seres humanos: la
compasión, es decir, la capacidad de sentir con
los demás. Son dos modelos dispares de las maneras
en que uno puede afrontar la vida. |