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Entrevista
 

Entrevista.
Parte 3

Algo que no se conoce mucho es tu amor confeso por la ciencia ficción.
Pues sí, me encanta. Y no sólo me encantan los libros, también las películas de ciencia ficción, incluso las malas, arrastro a mis amigos a verlas y a veces me odian por ello. La ciencia ficción para mí no es más que una parte de la fantasía. La literatura fantástica me gusta muchísimo como gran rama del conocimiento y de la ciencia. Pero para mí la literatura fantástica es también Kafka. Creo que los escritores somos muy esquizoides, gente muy dividida, como los actores y los espías, el novelista es así, de alguna manera lo que consigues con la escritura es una armonía, unir todas esas voces interiores por medio de tus novelas. En ese sentido, escribir es una manera de estructurar tu personalidad. Yo tengo dos partes -bueno, tendré mil, nos habitan muchedumbres- muy diferenciadas. Una de ellas es una parte totalmente lógica y realista, tengo una capacidad lógica muy grande y además la desarrollo. Pero por otro lado, tengo otra parte que es la más íntima mía en donde me he sentido siempre más representada que es una parte fantástica tremenda, muy imaginativa. Y siempre me ha gustado la fantasía, desde que era pequeñita, desde los cuentos de Grimm a toda la tradición de la fantasía nórdica. Y esa parte la he reprimido toda la vida, la escritura me ha permitido liberar esa parte, porque siendo una mujer sobre todo -al menos en mi época--, la parte fantástica tenías que reprimirla mucho porque si no, no te tomaban en serio, lo que tenías que desarrollar era la parte lógica que era la parte supuestamente varonil, es decir, la moneda de cambio en el mundo de los hombres. Tenías que demostrar que pensabas como un hombre para que te respetaran. Entonces, la parte fantástica la he mantenido siempre encerrada. Mis primeras novelas han sido muy realistas, porque esa parte fantástica era lo más íntimo mío. Luego, como la escritura es un camino de conocimiento, de liberación, pues he ido pudiendo sacar esa parte incluso en mi narrativa. La ciencia ficción no es más que un subgénero -sin ningún tipo de devaluación- de la rama de lo fantástico. Y me ha gustado muchísimo porque me gustan esas otras maneras de pensar la realidad. La realidad es algo mucho más amplio y mucho más complejo que la simpleza que solemos entender por "realidad". Por ejemplo: esta mesa es de mármol, pero yo podré recordarla de madera. Para mí muchas veces lo que imagino tiene tanta fuerza como lo real. Cuando pasa mucho tiempo de algo, a partir de los quince o veinte años, a veces no sé si lo que recuerdo lo he vivido, lo he imaginado o lo escrito. Ya no lo sé, y todo tiene la misma categoría, la misma importancia

Aunque te has acercado al género, el público te asocia más a Carmen Laforet que a Ray Bradbury.
Ya. De entrada, porque en España tenemos una tradición de realismo aplanadora, no hay una tradición de literatura fantástica. Empieza ahora a haber algo... he pensando mucho sobre ello, y creo que la fantasía es un atributo de países nórdicos y de países ricos. Cuando tienes algo tan perentorio como saber qué vas a comer al día siguiente, y luego una realidad tan de "sol sin sombra", donde no hay brumas y nada puede ocultarse, como en Castilla, pues todo se ve desde un realismo total. Mi quinta novela, "Temblor", es una novela de ciencia ficción, y la última "El corazón del tártaro" tiene elementos también mezclados, tiene una parte totalmente realista, y hay leyendas del siglo XII y otras historias maravillosas, al estilo de "Las mil y una noches" que son totalmente inventadas. Hay una incursión en lo fantástico ahí, un aspecto mítico y legendario. El tártaro es el infierno grecorromano, la laguna Estigia, Caronte... a mí lo que más me gusta es unir las dos partes, lo rrealista y lo fantástico, eso me consuela mucho, porque es mi visión íntima del mundo. Por ejemplo, "Bella y oscura", mi sexta novela, es una mezcla del mundo fantástico y del mundo realista-grotesco. Me gusta unir las dos cosas, algo que es difícil de hacer, claro. Dentro de mí las veo muy unidas, pero fuera la gente tiene dificultades en compaginar ambos registros... en "Bella y oscura" está el intento de unión y es de lo que estoy más contenta en esa novela.

¿Qué sensaciones te produce el periodismo, después de tantos años? Parafraseando a Hemingway, ¿dirías adiós al periodismo?
No, estoy trabajando como periodista, y no quiero dejarlo porque no quiero vivir de la novela. Quiero tener la novela lo más lejos posible de influencias externas, es decir, no quiero tener que vivir económicamente de la novela, por ejemplo. La verdad es que el periodismo me aburre bastante, porque llevo muchísimos años. Pero es un trabajo muy bonito, y además te obliga a salirte de ti misma, te pone en contacto con otras realidades, algo que está muy bien. Llevo muchísimos años haciéndolo y es muy absorbente, y la verdad es que te cansas, pero aún así la actividad periodística te sigue sorprendiendo. No todos los personajes que entrevistas te sorprenden, pero afortunadamente algunos sí... Aunque en general estoy harta de entrevistas, habré hecho dos mil y pico entrevistas en mi vida.

¿Recuerdas especialmente alguna?
Bueno, se van tapando... hace un año fui a hacer una entrevista a Yunus, el paquistaní banquero de los pobres y me encantó, y volví electrizada: mira qué privilegio poder conocer a una persona tan fascinante. Eso es lo bueno del periodismo.
La presencia mediática del libro es tremenda. Hasta que punto puedo eso afectar a la creación? Televisión y mundanidad, salón litteraire...
Cada persona es cada persona, y cada escritor es cada escritor y ha de encontrar su camino... y su camino puede pasar por, de repente, desparramar muchísimo o meterse como un monje en un cenobio, depende de cada cual. Para mí escribir es una búsqueda del conocimiento, una búsqueda de cierta libertad interior y de un cierto entendimiento de la vida, y para eso tienes que ser lo más libre posible... lo que no puedes es formar parte de una camarilla de poder.

¿Pero no hay vanidad en el escribir, jugar a ser escritor?
Eso es lo malo. La presión comercial es tan fuerte... yo llevo mucho publicando, y veo cómo ha cambiado eso. Cuando yo empezaba, eso no era así. No había entrevistas ni anuncios, y ahora es sobre todo eso. La presión es brutal y tienes que dedicar una cantidad de energía tremenda, y mucho tiempo, en intentar de neutralizar eso, y no lo neutralizas todo. Siempre te queda un poco de gilipollez. Y eso que yo soy muy mayor y llevo mucho publicando, y me alegro muchísimo de que no me haya tocado eso teniendo veintitantos años, cuando empecé, porque creo que te puede machacar. La novela es un género de madurez, es necesario mucho tiempo, mucha calma y mucho trabajo, entonces veo a novelistas con potencia, que podrían desarrollarla y que podrían aprender, pero han ido perdiéndose por esa presión. Son chicos que en vez de escribir quieren ser "escritores", es decir, socialmente escritores, y eso es un problema profundo. Hay cantidad de gente muy maja que se deja arruinar por esos cantos de sirena, porque son poderosos y brutales. Además, todo se confabula para fastidiarte en ese sentido: ¡hasta tu madre te dice "hija, no has vendido de este libro tanto como del anterior!". Sí, es muy dura, la presión. Es dura para mí, que llevo muchos años y muchos libros, así es que con veinte años de edad debe de ser aplastante. Me preocupa el peso comercial sobre la escritura, sobre todo la novela, me parece que puede terminar siendo arrasador.

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rosa MONTERO © 2005