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DISCURSO
DE LA OBSESIÓN
-Los temas que venimos comentando aparecen frecuentemente
engarzados en tus obras a través de lo que podríamos denominar
"discurso de la obsesión". Tú mismo te has definido como manipulador
de obsesiones (4) , y la crítica se ha recreado en subrayar
el componente obsesivo de tu literatura. ¿Qué es una obsesión?
¿Por qué cauces llega a convertirse en impulso del quehacer
literario?
Pues
yo no sé muy bien qué es una obsesión, pero sería una especie
de nudo que uno se ve impelido a desatar. La vida, en cierto
modo, consiste en eso, en desatar nudos. Además, uno no tiene
muchas obsesiones. Cada uno tenemos una o dos, y luego algunas
secundarias. Y, realmente, a lo que te dedicas es a deshacer
ese nudo, con la única seguridad de que no lo vas a deshacer,
de que vas a pasarte toda la vida en ello, porque cuando ya
parece que has llegado a la zona central se complica y va por
otro lado. Seguramente, si se analiza mi obra, habrá en ella
tres o cuatro nudos, siempre los mismos, vistos desde perspectivas
diferentes.
-Precisamente,
la crítica ha señalado la polarización de tu repertorio temático
en torno a dos obsesiones fundamentales, la identidad y la pesadilla.
(5) ¿Son las que centran las demás?
No lo sé, a mí me parece que es un modo de decirlo. Lo de la
pesadilla no lo entiendo bien, tendría que desarrollarlo. Pero
lo de la identidad sí, porque la identidad alude a todas esas
preocupaciones que hay entre la máscara y la carne, o entre
la apariencia y la realidad, entre la literatura y la realidad,
entre el dentro y el fuera, etc., obsesiones estructuradas siempre
-ya lo he dicho en alguna ocasión- como dualidades, debido al
carácter dual de la educación que recibimos. La identidad sería
aquello que podría resumirlo todo, porque además abarca el tema
del doble, por ejemplo, que está también muy presente. O sea,
que yo creo que está bien pensado.
-Lo
inquietante aparece como punto de despegue de gran parte de
tus narraciones. El punto de llegada emplaza al lector en ese
mismo dominio, tras un recorrido panorámico por un paisaje de
anormalidades que merecería la pena cartografiar. Como esta
conversación no va a dar para tanto, me limitaré a preguntarte
qué es lo que más te intriga de lo anormal: ¿su origen, sus
formas de manifestación o sus posibles consecuencias?
¡Vaya
pregunta!... Hace unos días asistí a una comida a la que había
sido invitado García Márquez. Estábamos hablando y, en
un momento determinado, alguien planteó qué ocurriría si no
se hubiera escrito La metamorfosis y hoy alguien la escribiera.
En la mesa se iban aventurando cosas y, cuando la conversación
estaba yendo en la dirección de que sería una novela fracasada,
García Márquez dijo: "Yo creo que una novela que empieza contando
que un señor se ha convertido en un insecto, está condenada
al éxito". A mí me dejó muy sorprendido la afirmación, primero
por su obviedad y, además, porque decía algo que es absolutamente
cierto y con lo que estoy completamente de acuerdo. ¿Y por qué
tendría éxito algo tan anormal? Porque eso es lo normal. Ésa
es una de las respuestas que me doy. Me resultó muy iluminadora
la frase de García Márquez, dicha con la sencillez con la que
la dijo, porque lo que revelaba es que lo habitual es lo anormal.
Si, por ejemplo, el terror gusta tanto en etapas infantiles
o de adolescencia, es precisamente por la enorme carga simbólica
que hay en lo anormal, porque debe de haber una especie de intuición
de que lo anormal es lo normal. Cuando nos llega algo de esa
naturaleza, reconocemos lo que seguramente es una de las condiciones
fundamentales de la existencia: la anormalidad fundamental sobre
la que está montada. Ese afán por lo anormal -que es lo que
en definitiva tú señalabas-, tiene que ver con la capacidad
de simbolizar o de reflejar lo que es la vida. Está muy bien
dicho en la frase García Márquez. ¿Por qué está condenada al
éxito una novela como La metamorfosis? Porque si fuera algo
que está absolutamente fuera de nuestros códigos, no lo tendría;
si tiene ese interés es porque eso debe de ser lo normal, y
lo estamos tapando todo el día. Cuando surge algo donde eso
no se tapa, es que alude a algo que nos concierne, y nos reconocemos
en ello.
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