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MATERIALES GASEOSOS. ENTREVISTA CON JUAN JOSÉ MILLÁS. POR PILAR CABAÑAS

         
     

DISCURSO DE LA OBSESIÓN

-Los temas que venimos comentando aparecen frecuentemente engarzados en tus obras a través de lo que podríamos denominar "discurso de la obsesión". Tú mismo te has definido como manipulador de obsesiones (4) , y la crítica se ha recreado en subrayar el componente obsesivo de tu literatura. ¿Qué es una obsesión? ¿Por qué cauces llega a convertirse en impulso del quehacer literario?

Pues yo no sé muy bien qué es una obsesión, pero sería una especie de nudo que uno se ve impelido a desatar. La vida, en cierto modo, consiste en eso, en desatar nudos. Además, uno no tiene muchas obsesiones. Cada uno tenemos una o dos, y luego algunas secundarias. Y, realmente, a lo que te dedicas es a deshacer ese nudo, con la única seguridad de que no lo vas a deshacer, de que vas a pasarte toda la vida en ello, porque cuando ya parece que has llegado a la zona central se complica y va por otro lado. Seguramente, si se analiza mi obra, habrá en ella tres o cuatro nudos, siempre los mismos, vistos desde perspectivas diferentes.

-Precisamente, la crítica ha señalado la polarización de tu repertorio temático en torno a dos obsesiones fundamentales, la identidad y la pesadilla. (5) ¿Son las que centran las demás?

No lo sé, a mí me parece que es un modo de decirlo. Lo de la pesadilla no lo entiendo bien, tendría que desarrollarlo. Pero lo de la identidad sí, porque la identidad alude a todas esas preocupaciones que hay entre la máscara y la carne, o entre la apariencia y la realidad, entre la literatura y la realidad, entre el dentro y el fuera, etc., obsesiones estructuradas siempre -ya lo he dicho en alguna ocasión- como dualidades, debido al carácter dual de la educación que recibimos. La identidad sería aquello que podría resumirlo todo, porque además abarca el tema del doble, por ejemplo, que está también muy presente. O sea, que yo creo que está bien pensado.

-Lo inquietante aparece como punto de despegue de gran parte de tus narraciones. El punto de llegada emplaza al lector en ese mismo dominio, tras un recorrido panorámico por un paisaje de anormalidades que merecería la pena cartografiar. Como esta conversación no va a dar para tanto, me limitaré a preguntarte qué es lo que más te intriga de lo anormal: ¿su origen, sus formas de manifestación o sus posibles consecuencias?

¡Vaya pregunta!... Hace unos días asistí a una comida a la que había sido invitado García Márquez. Estábamos hablando y, en un momento determinado, alguien planteó qué ocurriría si no se hubiera escrito La metamorfosis y hoy alguien la escribiera. En la mesa se iban aventurando cosas y, cuando la conversación estaba yendo en la dirección de que sería una novela fracasada, García Márquez dijo: "Yo creo que una novela que empieza contando que un señor se ha convertido en un insecto, está condenada al éxito". A mí me dejó muy sorprendido la afirmación, primero por su obviedad y, además, porque decía algo que es absolutamente cierto y con lo que estoy completamente de acuerdo. ¿Y por qué tendría éxito algo tan anormal? Porque eso es lo normal. Ésa es una de las respuestas que me doy. Me resultó muy iluminadora la frase de García Márquez, dicha con la sencillez con la que la dijo, porque lo que revelaba es que lo habitual es lo anormal. Si, por ejemplo, el terror gusta tanto en etapas infantiles o de adolescencia, es precisamente por la enorme carga simbólica que hay en lo anormal, porque debe de haber una especie de intuición de que lo anormal es lo normal. Cuando nos llega algo de esa naturaleza, reconocemos lo que seguramente es una de las condiciones fundamentales de la existencia: la anormalidad fundamental sobre la que está montada. Ese afán por lo anormal -que es lo que en definitiva tú señalabas-, tiene que ver con la capacidad de simbolizar o de reflejar lo que es la vida. Está muy bien dicho en la frase García Márquez. ¿Por qué está condenada al éxito una novela como La metamorfosis? Porque si fuera algo que está absolutamente fuera de nuestros códigos, no lo tendría; si tiene ese interés es porque eso debe de ser lo normal, y lo estamos tapando todo el día. Cuando surge algo donde eso no se tapa, es que alude a algo que nos concierne, y nos reconocemos en ello.

 

         
     

 

Juan José Millás © 2001
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