La
úlcera
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Dice
un médico amigo que si cuando nos apetece fumar,
en lugar de encender un cigarrillo tiráramos veinte
pesetas a la basura no nos costaría tanto dejarlo.
Para algunos, sin embargo, se trata de una posición
excesivamente economicista. Es cierto que el abandono del
tabaco se traduce en un ahorro, asegura un estanquero paradójico
al que luego me referiré, pero lo más importantes
es lo que se gana en salud. Por eso, mejor que tiras las
veinte pesetas a la basura, es tragárselas. Se traga
uno veinte pesetas en monedas de duro tantas veces como
ganas tenga de encender u cigarrillo y a las veinticuatro
horas ha de acudir a urgencias para que le hagan la cesárea.
Entonces es cuando uno se da cuenta de lo mal que es el
tabaco para la salud, pues el humo aunque no pesa hace tanto
daño a los pulmones como la calderilla al estómago.
Ahora bien, hay gente tan viciosa que cuando recupera el
dinero, todavía con la cicatriz cruda, va a un estanco
y se compra un paquete.
Las temporadas que fumo compro normalmente el tabaco en
máquinas, porque no he conocido nunca a un estanquero
como el de Smoke. El último con el que tuve relación
era un ex fumador converso. Odiaba a todos los que entraban
en su establecimiento y le producía una rabia sin
límites el depender económicamente de aquella
panda de viciosos. Lo primero que veías al entrar
en la tienda era un cartel enorme con la leyenda de "Prohibido
Fumar".
Esto es como si en un quirófano pusiera "Prohibido
Operar", me quejé un di, para ablandarle un
poco, pero me miró torvamente y dijo que no quedaba
Marlboro, aunque yo estaba viendo una caja al otro lado
del mostrador. Este estanquero paradójico había
dejado de fumar por el sistema de tragarse treinta pesetas
cada vez que le daba el mono. Tenía una cicatriz
de veinte centímetros en el estómago y una
úlcera incurable que le había agriado el carácter.
Pero no fumaba. Su cruz era que vivía de que los
otros lo hicieran. El mundo está lleno de gente que
odia su manera de ganarse la vida. El asunto era más
soportable cuando se podía fumar. El cigarrillo era
una venganza. Ahora somos más sumisos, pero tenemos
úlcera.