Fantasía
y realidad
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Hay
gente completamente inofensiva que se pasa el día
imaginando asesinatos. No es malo. A mí no me duele
que piensen en matarme, sino que me maten. Y es que todo
se puede pensar, pero no se puede hacer. Esa línea
que marca la frontera entre la idea y la realidad es también
la que separa a los locos de los cuerdos. Cuando uno cree
que no existe distinción alguna entre imaginar un
secuestro y llevarlo a cabo, es que uno está hecho
polvo y debe acudir cuanto antes a un servicio de salud
mental para que el ayuden a restablecer los límites
entre una cosa y otra. A mí me gusta mucho el ejercicio
retórico de confundir la ficción con la realidad,
para jugar a no saber si estoy e este lado o en aquel. Pero
se trata, digo yo, de un ejercicio retórico, así
que procuro no acabar en la cárcel, sobre todo porque
las cárceles suelen ser muy reales y no me gusta
pasar mucho tiempo seguido en la realidad.
Digo todo esto a propósito de algunas noticias que
van apareciendo sobre Internet. Hace poco, por ejemplo,
leíamos que un hombre de Nueva Jersey había
denunciado a su esposa por mantener una apasionada relación
informática con un señor de Carolina del Norte.
Entre un sitio y otro hay más de 700 kilómetros
de distancia, así que los “amantes” no
se habían visto nunca, pero el marido descubrió
en el correo electrónico el ordenador doméstica
una correspondencia erótica y aquello le pareció
un adulterio en toda regla. Quizá lo fuera, pero
me inclino a pensar que se trataba de una relación
imaginaria. Si los maridos y las esposas a los registros
cerebrales de sus cónyuges del mismo modo que al
correo electrónico de un PC, habría millones
de denuncias de este tipo cada día. El problema de
las cosas imaginarias es que aparezcan fuera de la cabeza.
Quizá Internet sea una especie de tierra de nadie,
es decir, una geografía situada entre el territorio
de la imaginación y el de la realidad, de manera
que puede sufrir invasiones de los ejércitos de ambas
partes. En cualquier caso, urge darle una definición
para que sepamos cuanto antes qué cosas podemos hacer
en esa red y cuáles no. No me gustaría terminar
en una cárcel de la realidad por culpa de lo imaginario.