Decálogo
En
El ejército del faraón (Alfaguara), Tobías
Wolf, recordando a un amigo muerto en la guerra del Vietnam,
se expresa de este modo: “Él nunca sabrá
las cosas que los demás sabemos. No sabrá
qué significa hacer una vida con otra persona. Que
un niño se deslice junto a uno, la mañana
del domingo, cuando está leyendo en la cama. Dedicar
años a un trabajo y luego volverse a mirarlo. Vigilar
la decadencia de los padres y asistir a su disolución.
Perder la fe. Rezar de todos modos. Perseverar. Estamos
hechos para perseverar, para cumplir el turno entero de
servicio. Así descubrimos quiénes somos”.
A veces, en los libros o en la vida si uno está atento,
caza párrafos brutales, como el que acabo de reproducir,
de tan compleja sencillez que hay que leerlos una y otra
vez para comprender que podrían ser las primeras
líneas del Génesis, en el sentido de que aplicándolos
a la existencia cotidiana seríamos capaces de fundar
el mundo: un mundo pequeño, desde luego, como de
andar por casa en zapatillas, pero de una sabiduría
estremecedora. Leer en la cama, mientras se nota la presencia
de un niño deslizándose entre las sábanas.
Iniciar una novela sabiendo que tendremos que dedicarle
a ellas los próximos tres o cuatro años sin
la garantía de terminarla, ni de que sea buena, sólo
por volvernos a mirarla pasado el tiempo y ver si nos devuelve
al menos la satisfacción del deber cumplido.
Y rezar, claro, a condición de hacerlo sin fe, como
un ejercicio de piedad hacia uno mismo y hacia el mundo.
Quizás escribir sea una de esas formas de plegaria
que se entonan mientras vigilamos la decadencia de los padres
y asistimos vigilamos la decadencia de los padres y asistimos
a su disolución. Parece el decálogo de un
agnóstico profundamente religioso. Tal vez lo sea.
Leerle, leer a ese curioso escritor llamado Tobias Wolf,
es una de las formas de perseverar, de cumplir el turno
entero de servicio. No estoy seguro de que acabemos sabiendo
quiénes somos, pero al menos vamos día a día
averiguando a quiénes no nos queremos parecer de
ningún modo, lo que constituye un excelente modo
de construirse y de colaborar a la construcción del
universo.