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Un paso atrás

Una de las noticias del verano, al parecer ha sido la presentación, en Londres, de una sujetador relleno de gel que da una turgencia increíble a la zona del pecho donde no hay pecho. Conste, en fin, que eso ya estaba inventado, como las alzas de los zapatos para parecer más alto o las uñas artificiales para arañar mejor. La novedad, pues, no es el artefacto en sí, sino el material utilizado: una resina sintética cuyo temblor evoca el de las tetas propiamente dichas, con perdón. En su deseo por fabricar un doble perfecto de sí mismo, el hombre va dando con materiales cada vez más sutiles, a veces más repugnante también, capaces de sustituir con éxito no ya sus zonas duras, sino sus fluidos y sus cartílagos y casi todas sus membranas. El eco informativo logrado por el sujetador de gel, que no es una vacuna contra el sida ni nada parecido, debe de significar algo que no acabamos de entender. Quizá sea un pequeño paso para un sujetador, pero un gran salto para el fetichismo universal.

El caso es que le cuesta a uno imaginar un fetichismo del gel. Hace años se puso de moda entre los niños (creo que todavía está a la venta) una cosa llamada “moco de elefante”, que no era sino gel verde que los pequeños deslizaban entre sus dedos para espanto de los padres, de los cuñados, incluso de los yernos. En toda casa que se preciara había un moco de elefante con el que uno tropezaba en las situaciones más inconvenientes, pues llegó a hacerse tan familiar que se dejaba en cualquier sitio. Ya se sabe que a los niños les encanta jugar con sus productos corporales y que gran parte de la educación consiste en ir superando esas etapas de ensimismamiento narcisista para colocar el afecto fuera del propio organismo.

Pues bien, no estamos absolutamente seguros, pero nos parece que el sujetador es en ese sentido un paso atrás- Muchos hombres cuyas madres hayan utilizado esa prenda íntima se quedarán fijados a su tacto y lo buscarán en el futuro, con desesperación, dentro o fuera del matrimonio. La lencería de hoy es la perversión de mañana. O quien siembra vientos recoge tempestades. Más aún: El que avisa no es traidor.

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