Currículum
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El
fontanero preguntó si escribía y antes de
darme tiempo a responder sacó un currículum
de la caja de herramientas y me pidió que le echara
un vistazo. "Es para la IBM", me dijo retirándose
al cuarto de baño, que se me había inundado.
Hojeé los folios y enseguida vi que hacían
agua por todas parte, lo que me produjo un curioso placer,
pues nunca he hecho nada por los fontaneros, a quienes considero
seres superiores. Mi autoestima, en fin, creció dos
o tres centímetros mientras tachaba unas cosas y
añadía otras hasta que al leerlo con más
atención me di cuenta de que aquello no tenía
arreglo. Decidido, pues, a empezar a organizar los materiales
del historial en el ordenador. Al rato, el fontanero asomó
la cabeza y me pidió un pedazo de cuero para confeccionar
con él una zapata pues no las había traído
de la mediad adecuada. "¿No tendrá usted
una conjunción adversativa para que esta frase no
gotee?", pregunté a mi vez, obligándole
a retirarse con expresión de fastidio.
Durante las dos horas siguientes fue a su coche un par de
veces y regresó mascullando improperios contra mis
grifos. "Le voy a hacer una chapuza para ir tirando",
dijo, "pero lo más sensato sería levantar
el suelo y colocar unas tuberías de PVC". Le
respondí que era precisamente lo que había
tenido que hacer yo con sintaxis: levantarla entera y ponerla
nueva para que las frases no perdieran sentido por las junturas,
que estaban podridas. El hombre se asomó con desconfianza
a la pantalla y replicó que iba a cambiarme la llave
de paso por una que había comprado para otro cliente.
Entonces le mostré cuatro oraciones de relativo y
dos condicionales que había sacado yo de mi propia
caja de herramientas. "Las guardaba para un artículo
que he de enviar esta misma tarde", añadí
con intención culpabilizadora, aunque no se inmutó.
Hacia el mediodía terminó él su trabajo
y yo el mío. Me pidió quince mil pesetas "y
eso que no le cobro la llave de paso", añadió
perdonándome la vida, pero no preguntó si
me debía algo por el currículum. Quizá
pensó que la escritura debería ser un servicio
público. Es lo que pienso yo, aunque a él
no se lo habría confesado.