El
tonto balear
Estaba
intentando comprender por qué los periódicos
llamaban independentista a un tonto, cuando me llegó
la noticia de que había hielo en la Luna. No sabía
qué hacer, la verdad, para conciliar los dos sucesos,
que así, a primera vista, se excluían mutuamente.
El
tonto balear es un profesor de enseñanza media que
ha prohibido a sus alumnos que le hablen en un idioma diferente
al mallorquín porque se siente atacado en su identidad.
Por lo visto, te cruzas con él en el pasillo, le
dices “buenos días” y se queda hecho
polvo durante un rato, sin saber quién es ni de dónde
viene. Todo eso nos parece muy bien. Hay gente pintoresca
a la que conviene sacar en los papeles para mostrar la riqueza
zoológica del planeta. Con lo que no estamos de acuerdo
es con los titulares de la noticia. No se puede decir, por
ejemplo: “Independentista balear prohíbe que
sus alumnos le hablen en castellano”, porque eso no
es característico de la independencia, sino de la
idiotez. Más rigor a la hora de titular, por favor.
Pero
el problema no es ese. Ya sabemos que la oligofrenia se
da como hongos, y no sólo en la enseñanza
media, sino en la superior, y hasta en los cursos de doctorado,
qué le vamos a hacer. La cuestión es de qué
manera puede conciliar un ciudadano normal, como usted o
como yo, la existencia del agua en la Luna con la difusión
de este suceso balear. Parece imposible que al tiempo de
dar con un lago helado tan lejos encontremos un bobo descongelado
tan cerca. En otras palabras, que el universo deviene en
un asunto completamente inverosímil frente a magnitudes
tan contradictorias.
No
obstante, lo peor es que si de verdad hay agua en la Luna,
también es posible que haya vida. Y si hay vida,
lo mismo hay nacionalismo lunático, perdón
por la redundancia. Así que no sabe uno por qué
se alegran tanto los científicos. En cuanto al tonto
balear, defiéndanse de él desmontando su identidad.
Es muy sencillo: basta con decirle “good morning”
en el pasillo del instituto, o “bon jour”. Incluso
“buenos días”. Suerte.