Una
duda metafísica
En Arkansas han prohibido a Darwin porque les parece incompatible
con la Biblia, lo que viene a ser lo mismo que prohibir
la Biblia por no adaptarse a Darwin. En realidad, El origen
de las especies y el Génesis son las dos caras de
la misma moneda: ambos tratan de explicar algo inexplicable,
que es nuestra presencia en este estercolero llamado mundo.
A mucha gente le puede parecer más razonable proceder
de un puñado de barro que de un mono, pero tan incomprensible
es una cosa como la otra.
En
Arkansas, en fin, están convencidos de que los hombres
vienen del barro y las mujeres de las costillas y no quieren
que sus hijos estudien otra cosa por miedo a que se malogre
alguna vocación científica. Y es que son enormemente
rigurosos en la selección del material didáctico.
Por ejemplo, tampoco permiten que sus niños jueguen
con pistolas de plástico existiendo las de verdad.
Y les disgusta que la gente dispare sobre blancos artificiales
habiendo personas de carne y hueso a las que se puede abatir
sin problemas.
La
verdad es que observando con detenimiento a los ciudadanos
de Arkansas uno no tiene más remedio que aceptar
lo que dicen los sabios: que la evolución carece
de rumbo, que no va a ninguna parte y que el hombre no es
la culminación de nada. Aunque quizá se equivoquen:
es evidente que el ser humano constituye hoy por hoy el
punto más alto de la estupidez en la cadena alimentaria,
incluso en la cadena perpetua. En ese sentido, podríamos
afirmar que la evolución se dirige a Arkansas, pasando
por Marbella, lugares bíblicos donde los haya, en
los que cada día, desde la mañana hasta la
noche, se cumplen el Génesis y el Apocalipsis en
confuso desorden.
En
Arkansas, en fin, acaban de prohibir a Darwin, que es como
prohibir el Everest, y se han quedado tan anchos. O sea,
que si no prohíben a Shakespeare o a Cervantes es
porque no han oído hablar de ellos. Y aquí
es donde le surge a uno la duda metafísica: ¿Cómo
van a ser capaces de enseñar la Biblia si no saben
leer? A ver si Darwin nos lo explica.