Sumario
 
El juego y las reglas

Yo también he leído lo del canibalismo en China durante la Revolución Cultural. Ya sé que los rojos se comían a la gente de orden, que si querías demostrar que era un rojo de verdad y no un vendido, te tenías que comer al fascista de tu cuñado delante de algún comisario político. Lo he leído: parece que en las cafeterías chinas te ponían hamburguesas hechas con picadillo de la burguesía, y que en las carnicerías colgaban a los capitalistas de los mismo ganchos que en otras partes cuelgan a los cerdos, y no es raro: el Partido Comunista había lanzado por entonces la consigna de “comerse a las clases enemigas”, y como estaban en plena revolución cultural, aprendiendo a leer, lo interpretaron literalmente. Lo que no dice la noticia es si lo hacían con gusto (lo de leer) o por obligación, aunque conociendo a los comunistas seguro que encontraban placer en ello. Son caníbales por naturaleza.
En fin, que lo he leído, además también sé que Mao era un sátiro, un ogro, que se comía a las adolescentes crudas. Lo sé todo, y no pasa nada, créanme, no pasa nada, excepto que ya no hay esperanza para nadie, en ningún sitio. Si sumamos debidamente descontextuadas las barbaridades levadas a cabo a lo largo d la historia por los representantes, ni los conceptos, ni la realidad, no se salva nadie, nada. Somos unos salvajes, dicho está. Lo mejor sería empezar de nuevo la partida; cada uno se lleva sus muertos a casa, repartimos las cartas, y al primero que rompa las reglas del juego lo expulsamos de la partida para siempre.
Lo malo es que ya no hay juego, ni partida, sólo hay reglas, y con frecuencia es preciso violarlas para mantener las reglas, del mismo modo que hacen falta sujetos sin ideología para defender las ideologías. Así que lo que no hay es esperanza, yo también lo he leído, lo de China, y qué. No pasa nada, somos mayores, comemos de todo y además no engorda. Vale.

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