Sumario
 
Cuestión de precio
Si te fijas bien en esa avispa que se ha posado sobre el azucarero o que hace equilibrios en el borde del tarro de la mermelada, te das cuenta enseguida de que se trata de un bicho de tecnología de punta: no pueden concentrarse tantas funciones en tan poco espacio. Por eso da pena matarla, aunque hay tantas que no importa, así que tomas la cuchara, el tenedor, o ese trozo de pan que va a sobrar y te la cargas para que no pique a los niños. Una menos. Si las avispas hubiera que hacerlas a mano saldrían carísimas y no las podríamos matar así como así, porque lógicamente estarían protegidas. El hombre, comparado con la avispa, es un ser tosco, pesado, lleno de estructuras óseas que envejecen fatal y de glándulas que no dan más que problemas.
Pero las avispas, lo mismo que el hombre, tienen frente al ordenador, por ejemplo,. La ventaja de que se reproducen entre sí. Yo tengo un ordenador portátil, muy pequeño, que a veces se aparece en cualquier rincón de la casa y dan ganas de pisarlo, como si fuera una cucaracha, para ver cómo suena. Pero no puedo, porque me salió carísimo. Cuando Bill Gates invente los ordenadores sexuados y se reproduzcan como moscas nos los quitaremos de encima con un manotazo mientras decimos: “qué ordenadores más molestos”. A las avispas las matamos porque nos salen muy baratas. Los hombres salen a muy buen precio también; por eso de vez en cuando puedes lanzar un proyectil sobre un mercado, como sucedió el otro día en Sarajevo, y cargarte a unos cuantos. Total, se reproducen enseguida. Luego conviene condenar el hecho, para que no te crean insensible, pero la verdad es que mientras te horrorizas con la boca, te quedan las manos libres para aplaudir los ensayos nucleares franceses en Mururoa: fíjense en Aznar. La tecnología nuclear sirve para matar más personas y más avispas en menos tiempo. Y con mayor limpieza. Porque lo de Sarajevo fue una carnicería: veías a la gente, en las fotos, con la columna vertebral al aire libre y eso tampoco es. Lo que pasa, ya digo, es que salen tan baratos estos hombres que da igual. Lo que nos molesta son las fotos. Y las avispas. Que las prohíban, para que no nos amarguen el desayuno.
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