Sumario
 
El tamaño de las cosas
Michael Herr, en Despachos de guerra, dice que uno es tan responsable de lo que hace como de lo que ve. En ese libro, donde periodismo y literatura, información y expresión, alcanzan un grado de consanguinidad irrepetibles, cuenta cómo llegó al Vietnam con la buena conciencia de un periodista que sólo iba a mirar y cómo se sintió finalmente implicado en todo lo que pasaba ante sus ojos. Desde el momento en que uno acepta que también es responsable de lo que ve, la percepción se modifica totalmente.
Tengo delante de mí un recorte de periódico, una foto, en la que aparece, sobre la hierba, una especie de muñeca rota, una mujer medio descoyuntada, con las faldas subidas hasta el muslo y el ombligo al aire, cuyo aspecto general sugiere que ha sido estrangulada, quizá violada, y que ahora espera al juez encargado de levantar su cadáver. No se trata de eso, sino de un reportaje sobre moda aparecido recientemente en una revista australiana. El titular dice: “Vive deprisa... Una moda de morirse”. No hace mucho, una marca de relojes utilizó para anunciarse a un conjunto de mujeres claramente anoréxicas. Verdaderos esqueletos con los labios pintados te incitaban a consumir el producto que colgaba de sus brazo.
Pessoa lo decía de otro modo: “Uno es el tamaño de lo que ve”. Tenemos, pues, la estatura moral de las campañas que acabo de citar, y de todo el horror que pasa, sin ser combatido, ante nuestros ojos cada día. Acabo de leer, por ejemplo, que una fundación estadounidense ha denunciado a la marca de calzado deportivo Nike por explotar a menores de edad: sus productos se fabrican en Indonesia por niños de once años que cobran dieciocho pesetas la hora de trabajo. No es preciso ir a ninguna guerra para advertir que uno está implicado moralmente en lo que cuenta. Más aún: no es preciso ir a ninguna guerra para conocer la guerra: está aquí, entre nosotros, en esas campañas de publicidad mutiladoras del pensamiento, en los zapatos de deportes que nos ponemos para bajar grasas y en los fuegos artificiales del Ariane 5. Si es verdad que tenemos el tamaño de lo que vemos, no hemos crecido mucho. Lo malos es que somos los responsables del tamaño de las cosas.
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