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La
vida
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Según estudios de toda solvencia, el alto índice
de fracaso escolar se debe a la falta de conexión entre
los planes de estudio y la realidad. En otras palabras: que
el principio de Arquímedes o el pretérito imperfecto
del verbo amar, no tienen nada que ver con la vida. A lo mejor
ya nadie desaloja la misma cantidad de agua que el volumen
de su cuerpo al introducirse en la bañera. Ni nadie
amó a alguien en un tiempo remoto y le apetece expresarlo
en esta forma verbal: yo amaba, tu no, él etcétera.
Yo amaba a Beatriz. “Lleva cuidado, chico, que estás
empleando el pretérito imperfecto del verbo amar y
eso no tiene nada que ver con la realidad.” No entiende
uno a qué llaman vida, ni a qué estudios.
Personalmente, si no hubiera aprendido a hacer análisis
sintácticos, no sabría desmontar mis estados
de ánimo y echaría la culpa de todo lo que me
pasa al portero, al jefe o al Gobierno. Quizá otras
cosas no, pero la gramática sí tiene mucho que
ver con la realidad. En cierto modo, la construye. Por otra
parte, de no haber sabido en su día lo que representaba
Atenas, lo mismo me habría ido de viaje de novios a
Albacete, que, con todos los respetos, no es lo mismo. Tampoco
soy capaz de imaginar cómo sería sin haber cultivado
las cuatro reglas, pues no hace uno otra cosa a lo largo del
día que sumar o restar afectos, dividir emociones,
multiplicar panes y peces. Y de no haber aprendido a leer,
tampoco habría tenido acceso a aquellas novelas por
cuyos túneles logré huir de una existencia hostil,
casposa, cutre, inhabitable: la existencia española
y de las jons.
Y es que continuamos llamando realidad a cualquier cosa, no
aprendemos. De modo que hay días en los que se asoma
uno a la ventana, o a los pactos municipales, y le dan ganas,
en efecto, de coger la mochila de su hijo y correr al colegio,
para huir de la quema. En otras palabras, que visto lo visto
quizá sería preferible que los planes de estudios
continuaran alejados de la realidad. Vida y cultura no deberían
ser cosas diferentes, pero si llegan a serlo y hubiera que
elegir, uno preferiría quedarse con la cultura. La
vida da asco, con perdón del asco.
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