Sumario
 
Ladrones del yo
Hace poco, en una mesa redonda sobre la identidad, nadie sabía decir a ciencia cierta en qué consistía ser yo. Finalmente, uno de los participantes señaló:
-De la identidad cabría decir lo mismo que San Agustín afirmaba acerca del tiempo: "Si me preguntas qué es, no lo sé, pero si no me lo preguntas lo sé".
Ignoramos, pues, quiénes somos a ciencia cierta, pero en el fondo de nuestro corazón todos tenemos la impresión de ser alguien. Todos, , menos uno del público, según el cual la identidad era un traje del que nos cambiamos a nuestra conveniencia.
-No somos los mismos -aseguró-en casa o en la oficina, con nuestros hijos o con nuestros amigos, por la mañana o por la tarde.
Me pareció sugerente esta hipótesis, según la cual nos asomábamos a la ventana y al mismo tiempo de averiguar si convenía coger el abrigo o la gabardina, decidíamos disfrazarnos de funcionarios o de esposos. Pero seguramente, aunque ingeniosa, la idea no era cierta. Por debajo de esas circunstancias, hay una identidad que las recorre a todas. Ser uno, en otras palabras, no consiste en ser dos, sino en haber construido a todos los que somos con materiales propios.
Más de 100.000 españoles, según las estadísticas, viven atrapados en sectas destructivas. Se las llama así para diferenciarlas de las sectas cuyo grado de instrumentalización es tal que han merecido recibir el nombre de religiones (el cristianismo fue en sus orígenes una secta). Ahí tiene ustedes 100.000 casos de identidades enajenadas, alienadas (que viene de alien: otro), de personalidades construidas con materiales ajenos a los verdaderos intereses del sujeto que los sufre.
O sea, que no somos nadie, pero somos algo. Y cuando no somos lo que debemos, algún fusible salta en nuestro como una voz de alarma. La identidad, la identidad. Si me preguntas en qué consiste, no lo sé, pero si no me lo preguntas lo sé. Las sectas destructivas viven de secuestrar identidades. Ellas sabe quién eres tú porque han robado muchos "yoes".
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