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El
caracol
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El campo tiene sus incomodidades, pero constituye una curiosa
fuente de información existencial. Hace una semana
apareció en el cuarto de baño un caracol. Durante
un par de días permaneció quieto, pegado a la
pared externa del bidé, como meditando sobre la vida.
Después de eso comenzó a desplazarse en busca
de la misma abertura por la que se había colado en
esa dimensión tan hostil, o extraña. Cada día,
al levantarme, observaba su posición y el pobre, en
lugar de acercarse a la ventana, se alejaba cada vez más
de ella trepando por un alicatado que tenía que resultar
del todo incomprensible para su falso pie (pseudópodo,
como os gustaba decir en la clase de Ciencias Naturales).
Finalmente, en un arranque de piedad le ayudé a llegar
fuera.
¿Qué habrá pensado el animal -me pregunté-de
esta rara experiencia? Un día acudí a una fiesta
a la que había sido invitado por error y cuando intenté
huir me interné sin darme cuenta en la zona privada
de la vivienda y tuve que mantener una conversación
incomprensible con unos marcianos a quienes sólo me
unía el gusto por el whisky de centeno. Habría
dado cualquier cosa porque una mano caritativa me hubiera
tomado entre sus dedos, como yo al caracol, arrojándome
por la ventana, para devolverme a de golpe a la dimensión
que me era propia. No tuve esa suerte y hube de deambular
por toda la casa hasta las tres de la mañana, un poco
borracho, si he de decirlo todo, hasta que logré dar
con la puerta de salida y encontré un paisaje reconocible.
A muchos les podrá parecer todo esto una exageración,
porque se me ha olvidado señalar que la vivienda pertenecía
a un arquitecto y, en consecuencia, ni las ventanas ni las
puertas ni la cadena del retrete se encontraban donde uno
supone que han de hallarse estos artefactos de uso común.
Personalmente, nada me unía a los caracoles, hasta
este momento, pero desde ahora siento por ellos un afecto
especial, no ya por la tranquilidad con la que afrontan las
situaciones más difíciles que quepa imaginar,
sino por su tendencia a extraviarse, con la que tanto me identifico.
Si encuentran un caracol en su bañera, trátenlo
bien que a lo mejor soy yo. Gracias.
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