Sumario
 
La memoria de Françoise
Declaraba hace poco la escritora Francoise Sagan a propósito de su memoria: "No me acuerdo de nada. Me faltan cinco años por aquí, tres por allá...". Sorprendía que hablara de sus recuerdos de este modo casual, como quien constata, al abrir el armario, que le faltan dos camisas de verano y unas zapatillas de andar por casa. Me pregunto si buscará esos años desaparecidos con el empeño que ponemos a veces en encontrar unos calcetines, unos guantes, una bufanda de temporada anterior que estábamos seguros de haber colocado en un sitio donde no aparecen. La bufanda de la Sagan continuará seguramente en el mismo lugar, pero ha desaparecido, sin embargo, de su memoria.
Esta es la contradicción: que hay cosas que no desaparecen de la realidad, aunque se esfuman de la memoria, y sucesos que continuando intactos en la memoria hace tiempo que desaparecieron de la realidad. Los años de plenitud de las personas y los colectivos son aquellos en los que coinciden lo que haya afuera, en la realidad, y dentro, en la cabeza. Esa sincronía es quizá característica de la juventud, y no sólo de la juventud, sino una forma de percibir el mundo, de nombrarlo, de relacionarse con él. Seguramente, si preguntáramos a los expertos, dirían que esa sincronía es también una forma de salud mental. Aunque no siempre: en tiempos Sade, tal como relata magistralmente Gonzalo Suárez en su última novela(Ciudadano Sade), lo que sucedía en las calles era un reflejo de las fantasías del marqués. La sincronía era terrible, pues. No sabemos nada.
El caso es que a Francoise Sagan le empiezan a faltar cinco años por aquí y tres por allá. Va a coger un recuerdo de entretiempo, para salir a dar una vuelta por París, y ya no está el recuerdo en su sitio. Cuando el armario se quede vacío del todo, habrá desaparecido ella misma, aunque continúe sentada en su mecedora, cerca de la ventana, tal como la hemos visto en las últimas fotos. Hay gente que se muere antes de morir, o que vive después de fallecida. Quizá esos años sin memoria le abran a uno al misterio más que los de plenitud. Buenos días, tristeza.
<< Anterior Sumario Siguiente >>