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"...Más tranquila, regresé
a la habitación para liberar al número
inocente y puse sobre la hoja 8-7=1..."
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Diario
(I)
Cuando
mi marido dijo en el desayuno que volvería
tarde porque tenía una reunión de
presupuestos, yo ya sabía que iba a encontrarse
con su amante, como todos los viernes, pero esta
vez no me importó, casi fue un alivio.
Me hace gracia la frase ésa, "reunión
de presupuestos". Se reúnen para presuponer,
cuando la mayoría de ellos ni siquiera
ha aprendido a suponer. Cómo son. Al salir,
se llevó al niño, que había
perdido el autobús del colegio, y yo me
quedé sola, como siempre, escuchando el
ruido de la lluvia (de un tiempo a esta parte,
siempre llueve al otro lado de mi cabeza, aunque
en la calle haga sol). Luego, al entrar en la
habitación de mi hijo para hacer la cama,
observé que se había dejado un cuaderno
abierto sobre la mesa, con una suma (7+1=?) sin
resolver. Instintivamente, puse un 8 al otro lado,
y en seguida empecé a sentir un agobio
enorme por aquel 1 que acababa de perder su individualidad
al realizar yo la operación matemática.
Imaginaba al pobre número dentro del 8,
buscando la salida desesperadamente, como un claustrofóbico
dentro de un laberinto, y me identifiqué
con él. Una vez me perdí en el interior
de unos grandes almacenes y fue tal el miedo a
no dar con la salida que sufrí un desmayo
en la sección de deportes. Por otra parte,
también yo, como el 1, había perdido
la identidad en las profundidades de una familia
asfixiante, y no sabía cómo escapar
de ella. Sentí que me faltaba el aire y
corrí al balcón para respirar. Un
sol excesivo me cegó los ojos, pero dentro
de mí continuaba escuchándose el
ruido de la lluvia. Quizás en el interior
del número 8 también lloviera con
aquella violencia, pensé. Escuché
el teléfono, pero no lo cogí pues
supe por el modo de sonar que era mi madre.
Más tranquila, regresé a la habitación
para liberar al número inocente y puse
sobre la hoja 8?7=1. Sin embargo, me pareció
que el 1 resultante era distinto al que yo había
atrapado y me atacó un desaliento enorme.
A mí misma, cuando pienso en abandonarlo
todo y recuperar mi verdadero ser, siempre me
retiene el miedo de que la que lograra escapar
fuera una de las que están encerradas conmigo
y que no son exactamente yo, aunque sean idénticas
a mí.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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