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> Los entresijos de la realidad


"...En verano hay mucho personal desenterrando cosas. Cuando la gente normal está en la playa, entregada al hedonismo y a las drogas para olvidarse de quiénes son, los paleontólogos desentierran cadáveres de hace cinco millones de años..."


Lo duro y lo blando

En verano hay mucho personal desenterrando cosas. Cuando la gente normal está en la playa, entregada al hedonismo y a las drogas para olvidarse de quiénes son, los paleontólogos desentierran cadáveres de hace cinco millones de años para averiguar quiénes fuimos. Leí una entrevista con Juan Luis Arsuaga, el director de Atapuerca, en la que hablaba con pasión de la pelvis de Lola (la mujer de Elvis), que todavía no ha logrado encontrar, aunque lógicamente debería de estar cerca de la de su marido. O no tan lógicamente: la pelvis de mi abuela y la de mi abuelo tampoco están juntas. Fue la última voluntad de los dos vivir toda la muerte separados, porque cuando fallecieron todavía no estaba autorizado el divorcio. Pero lo que yo quería decir es que si desenterrando cadáveres de hace cinco millones de años averiguamos tantas cosas de nosotros, qué no aprenderíamos desenterrando a mi abuela, que debe de estar en mejor estado. ¿No les sirve la pelvis de mi abuela, que además da la casualidad de que se llamaba Lola, como la de Arsuaga?
Quizá no, entre otras cosas porque lo interesante de mi abuela eran sus partes blandas. Éste es el drama de la paleontología: que busca lo que ya no está. Es cierto que de los huesos se puede deducir la carne. Pero una deducción no es lo mismo que un músculo. Las cuencas vacías de una calavera no nos dicen nada de la mirada de su propietario. Tampoco una botella vacía puede darnos información sobre la calidad del vino que contuvo.
Cuando nos ponemos a escarbar en la memoria, sin embargo, sólo encontramos objetos blandos. El tiempo, en la memoria, descompone lo duro, lo rígido, y deja en perfecto estado de conservación lo blando. Por eso la gente sólo tiene buenos recuerdos de la mili, de su infancia o de su profesor de matemáticas, aunque fuera un hueso. Ahora bien, de las partes blandas también es muy difícil deducir cómo fueron las duras. De hecho, no hay manera. O sea, que siempre nos quedamos a medias. Mi abuela, en la memoria de sus hijos, logró quedar como un ángel, pero su esqueleto era el de un sargento de caballería. ¿A quién hacer caso?

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