|

"...A
tus suburbios te puedes asomar a través
del agujero del televisor: ahí está
lo peor de ti, tus deseos más inconfesados,
tus territorios más mezquinos..."
|

La realidad
como videojuego
La
realidad, si no fuera tan cruel, parecería
un videojuego: a cada paso que das encuentras
cuerpos destrozados, trampas, payasos que cortan
la respiración. Pero uno no es distinto
de lo que ve, somos lo que vemos: recorriendo
la realidad nos recorremos a nosotros. Ese parque
al que todavía vas de vez en cuando, es
tu reserva vegetal; esa calle a la que vuelves
obsesivamente sólo conduce a ti; ese escaparate
frente al que te detienes evoca el orden moral
de tu niñez. Esa anciana que ha asfixiado
a sus dos nietos, en Granada, porque no querían
comer, eso dice, eres tú, soy yo; sus nietos
somos todos. En Bélgica acaba de pedir
asilo político un sueco condenado a un
año de cárcel en su país
por tirar de las orejas a sus hijos. Ya no sabemos
si es más atroz el crimen de este sueco
o el de la anciana granadina; el videojuego de
la realidad va tan deprisa que no puedes detenerte
a pensar.
Al fin y al cabo, todas esas zonas de ti mismo
son amables en comparación con tus suburbios.
A tus suburbios te puedes asomar a través
del agujero del televisor: ahí está
lo peor de ti, tus deseos más inconfesados,
tus territorios más mezquinos, tus zonas
más oscuras las ilumina el televisor: aprieta
al azar un botón, levanta una piedra y
saldrán mil alimañas de debajo;
ese conde italiano de suaves maneras que llama
puta a su mujer y cerdito a su hijo, eres tú,
recuerda que eres lo que ves, y esa mujer herida
de ojos afilados que pone a tender sus vísceras
a la vista de todos, también soy yo, o
sea, tú. No eres mejor que ella, lo que
pasa es que ahora estás a este lado del
videojuego y tu papel en este lado consiste en
escandalizarte.
Todo eso que crees que está fuera de ti
lo llevas dentro, te constituye. Sobre esos escombros
te incorporas cada día y dejas reposar
tu cuerpo por la noche. Y tienes suerte, te ha
tocado vivir en el interior de un videojuego privilegiado:
hay otros en los que la gente mata, se mata, por
un trozo de pan, por un trozo de patria. Por un
pedazo de cualquier cosa. Enhorabuena.
Vuelve
al menú de los Articuentos. No olvides
que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
 |
|

|