|
|

{TEXTI-ITO}
El otro
Cuando
me dijeron que no puedo ser Juan José Millás en
Internet porque alguien se lo ha pedido antes
que yo, mi primer impulso fue poner una denuncia.
Luego, como el abogado me salía más caro de lo
que valgo, decidí dejar las cosas como están.
Ese loco que pretende ser yo no tiene ni idea,
pues, de la vida que le espera. Si ha de pasar
en la existencia digital por la mitad de lo que
yo he pasado en la analógica, no tardará en salir
corriendo de mi cuerpo. Entre tanto, me divierte
asomarme cada día al ojo de cerradura de la Red
y ver a qué se dedica mi reflejo cibernético.
De momento, no se dedica a nada: está ahí el pobre,
en medio de un escaparate desolado, esperando
que alguien lo compre. Pero quién va a comprarlo.
¿Quién va a comprar un Juan José Millás binario,
por favor? No tiene ni idea el individuo que se
ha metido en mi pellejo lo que me cuesta venderme
cada día. Y eso que en la versión analógica sé
arreglar enchufes y reparar grifos y colgar cuadros
y lavar y planchar y cambiarle al coche la batería
y el aceite. El único que podría comprarme soy
yo, y no porque no pueda vivir sin mí, sino por
lástima. En las películas de esclavos, siempre
me identificaba con el esclavo que no compraba
nadie. No importa al precio que me pongas, muchacho,
no lograrás venderme ni a mí mismo: mi lástima
no llega a tanto. Y, cuando llega, es compensada
por un golpe de ira, porque hoy por hoy me detesto
más de lo que me deseo. Si tuviera que elegir
entre darme veinte duros y darme un tiro, me pegaría
un tiro, no lo dudes. Ignoro cuánto has pagado
por ser yo, pero por poco que sea has hecho un
mal negocio. Antes de lo que te imaginas, vendrás
a pedirme de rodillas que me haga cargo de mí
mismo, tiempo al tiempo. Pero no me intereso.
Ni bañado en oro volvería a ser yo. Estoy hasta
los huevos de la versión original, que dicen que
es la buena, de modo que no quiero ni imaginar
cómo serán las copias. Agradecería, pues, que
te apropiaras también del familiar Juanjo Millás
antes de que tenga un momento de debilidad y lo
haga yo por pena. No olvides tomar Almax para
el ardor de estómago, y Trankimazín para
la angustia. Para la culpa no he encontrado nada
todavía.
Vuelve
al menú de los Articuentos. No olvides
que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

|