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"...A los pocos meses de mi entrada en el
colegio, cambiaron al director y entró
uno que se llamaba Antonio. Al día siguiente
de su llegada, al pasar lista, todos mis compañeros
continuaban gritando "Vicente"..."
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Absurdo
El
director del primer colegio al que fui de pequeño
se llamaba Vicente. En aquella época pasaban
lista todos los días y los alumnos teníamos
que gritar "presente" al ser nombrados.
Yo siempre creí que mis compañeros
decían "Vicente", en homenaje
al director del centro, de manera que cuando me
llegaba el turno gritaba con marcial entusiasmo:
-¡Vicente!
Nunca nadie me lo reprobó. Es probable
que me entendieran mal, como yo a ellos. De este
modo transcurría una vida llena de malentendidos,
que es lo normal. La educación consiste
en aceptar lo que no comprendemos.
A los pocos meses de mi entrada en el colegio,
cambiaron al director y entró uno que se
llamaba Antonio. Al día siguiente de su
llegada, al pasar lista, todos mis compañeros
continuaban gritando "Vicente" ("presente"
en realidad), por pura rutina, pensé. De
súbito, me entró una alegría
enorme al darme cuenta de que yo iba a ser el
único de todo el colegio que hiciera las
cosas bien. Mientras los apellidos sobrevolaban
el patio de recreo en el que permanecíamos
en fila, rogaba a Dios que nadie se me adelantara.
Fueron los minutos más angustiosos de mi
vida, pues iba muy mal en los estudios y aquélla
era una oportunidad de oro para demostrar que
mi inteligencia estaban tan despierta como la
de cualquier otro. Ya veía al prefecto
de disciplina dirigiéndose a mí
para felicitarme por aquel alarde de buenas maneras.
Por fin, tras una eternidad, escuché mi
apellido y grité más alto que nunca:
-¡Antonio!
El prefecto permaneció atónito unos
segundos y después me preguntó que
qué había dicho. "Antonio",
respondí yo comprendiendo que algo funcionaba
mal. Como no fui capaz de dar una explicación
razonable, me tuvieron bajo observación
psicológica una temporada. Ahora, con la
perspectiva que dan los años, creo que
tan absurdo era decir "presente" como
decir "Antonio". Pero al común
de las personas le parece más lógico
gritar "presente". ¿A qué
negarlo? Siempre tuve dificultades de adaptación.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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