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"...Un asesino que se precie ha de tener
más cuidado con no dejar lógica
que con no dejar huellas. Si la víctima,
en fin, llevaba vaqueros, que se fastidie..."
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La lógica
Según
un tribunal de Nápoles, la violación
no es delito cuando la víctima lleva vaqueros.
Ni cuando el agresor lleva toga, deducimos nosotros
de tan pintoresca resolución aun sin disponer
de jurisprudencia sobre el caso. La justicia es
el reino de la lógica. Si en Chile no existe
una orden de busca y captura contra Pinochet,
es porque no ven la relación entre el general
y los muertos. Un asesino que se precie ha de
tener más cuidado con no dejar lógica
que con no dejar huellas. Si la víctima,
en fin, llevaba vaqueros, que se fastidie. La
justicia, aunque ciega, tiene una pasión
sin límites por el raciocinio. Y es que
cuando perdemos unos sentidos se acentúan
otros. Al quedarse sin vista, la ley ha desarrollado
anormalmente el sentido común, pues hay
que tener un sentido común muy anormal
para llegar a tales conclusiones.
Ahora bien, supongamos que se dan las dos circunstancias
a la vez: el agresor lleva toga y la víctima
vaqueros. Lo lógico, piensa uno, es que
en tales casos (rarísimos, si hemos de
decirlo todo) la víctima pague una indemnización
al agresor, ya que, de haber sabido éste
que la damnificada iría vestida de tal
guisa, no tendría que haber pasado por
la humillación de ponerse una toga para
violarla, con lo mal vistas que están las
togas, por favor. Hay víctimas cuya culpabilidad
debería ser, en buena lógica, doble,
o triple. Pensemos en la cantidad de hombres que
se ven obligados a acosar con toga por una falta
de previsión de las acosadas, cuyo deber
ciudadano es anunciar si van a salir de casa con
faldas o a lo loco.
Todavía hay otro supuesto jurídico
en el que algunos consideran que no hay violación,
y es cuando el juez, además de con toga,
actúa iluminado. Es decir, cuando viola
oyendo dentro de su cabeza unas voces que le ordenan
cargarse, por ejemplo, la libertad de expresión.
En tales supuestos, y por mucho que el agresor
togado se empecinara en violar a la víctima
en las posturas más ofensivas que quepa
imaginar, quedaría libre de cargos y podría
volver a abusar de cuantas víctimas con
vaqueros o con libertad de expresión atravesaran
inocentemente su juzgado. Lo curioso es que para
llegar a todo esto, por lo visto, hay que hacer
oposiciones.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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