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"...El cartón piedra, tan antiguo,
puede acabar sustituyendo al plástico en
las preferencias mentales del público..."
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Prina
Guro
La
contemporaneidad tiende un poco hacia el signo
vacío, descarnado, escuálido. Las
artes plásticas representan muy bien esta
inclinación, así que a veces acude
uno a exposiciones cuyo mayor mérito es
que no tienen nada expuesto. Te asomas a un marco,
por ejemplo, en cuyo interior debería habitar
un significado y no hay nada, absolutamente nada,
ni siquiera un poco de horror vacui para erizarnos
el cabello. Hacer esto con las palabras es más
difícil, porque no cuela. Si uno escribiera,
por ejemplo: "Vengosi utara unatipodras soto",
y lo intentara hacer pasar por un poema, tendría
problemas con el editor.
-Pero ¿qué es lo que has querido
decir?
-Pues eso, que vengosi utara unatipodras soto.
-Ya, ya, pero a qué público te diriges.
-A un lector no convencional, desde luego, dispuesto
a pelearse con los estereotipos.
-Pues me parece que yo no puedo publicártelo.
En otras formas de expresión, incluida
la política, la vacuidad tiene un prestigio
enorme. Pensemos, por ejemplo, en la iniciativa
municipal y espesa de reproducir el zulo de Ortega
Lara en un local cedido por el propio Álvarez
del Manzano. Si la obscenidad hubiera cuajado,
que afortunadamente no, la gente habría
hecho cola para asomarse a un agujero donde no
se vería nada, a excepción del hueco.
No podemos saber si habría tenido éxito,
quizá sí, tal como están
las cosas. El cartón piedra, tan antiguo,
puede acabar sustituyendo al plástico en
las preferencias mentales del público,
de ahí que las televisiones se peleen por
retransmitir en diferido el caso Arny, que es
lo más parecido a una falla valenciana.
Los matrimonios se quedan cada noche hasta las
tantas y se acuestan sin haber visto nada, pero
se trata de una nada morbosa, ahí está
el secreto. El telespectador obtendría
la misma información si saliera un señor
diciéndole a su mujer:
-Caspato unceto veladicara proma.
Y ella respondiera:
-Trifusa vosa periginoso calla.
Y se acostaran tan felices.
-¿Qué han dicho?
-No sé, es ese matrimonio que sale todas
las noches antes del cierre. Creí que era
una alucinación mía, pero ya veo
que no. Se me ha quitado un peso de encima.
Es lo que le pasó a más de uno cuando
vio al alcalde en los telediarios de todas las
cadenas ("¡vivan las caenas!")
comparando el zulo con las pirámides de
Egipto.
-Pero ¿qué dice ese individuo?
-Que quienes critican la reproducción del
zulo no saben que las pirámides son monumentos
funerarios.
-¿Y estás segura de que es el alcalde
de Madrid? ¿No será uno de esos
que se disfrazan para llamar la atención
en lo del Arny?
-Que no, que es él.
-Pues casi habría preferido que dijera
lo de trifusa vosa periginoso calla.
-¿Y eso qué significa?
-Nada.
-Pues para decir nada lo mismo da.
-No sé. Hay vacíos mentales que
duelen más que otros.
En efecto, algunos electroencefalogramas planos
son muy agresivos, lo mismo que determinadas expresiones
plásticas, que aunque no expresan nada
te cabrean porque sales de la galería de
arte con la sensación de haberte contagiado
de una enfermedad desrealizadora. Uno sólo
vio la reproducción del zulo (o de la pirámide,
para no disgustar al señor Álvarez)
por la tele, pero después de que la destruyeran
por orden del sentido común, se le trasladó
al encéfalo, y desde entonces percibe en
el cerebro un agujero tipo vaca loca por donde
se mueve el alcalde en plan termita destrozándole
las terminaciones nerviosas. Se quedó insatisfecho
el hombre con los túneles de la plaza de
Oriente, donde, sin embargo, acabó con
el sistema muscular de la historia de Madrid;
es insaciable. No sabe uno adónde vamos
a llegar, pero tampoco se preocupen demasiado,
porque, en última instancia, donde no prina
guro, alicatado boro.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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