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JUAN JOSÉ MILLÁS página oficial

> Los entresijos de la realidad


"...El nuevo reglamento dice que en lugares de trabajo o encuentro frecuente, los soldados sólo deberán saludar a sus superiores la primera vez que coincidan con cada uno o cuando se dirijan a ellos..."


Leer entre líneas

A la vista del reglamento del servicio militar aprobado la semana pasada por el Consejo de Ministros, no es nada raro, la verdad, que los objetores de conciencia se reproduzcan como hongos. Según tal reglamento, no se podrá ordenar a los soldados la realización de actividades ajenas al servicio, ni se estará obligado a obedecer órdenes que vayan contra la Constitución o las leyes vigentes. ¿Cómo se va a meter uno en un sitio en el que es necesario explicitar que no se deben hacer cosas contrarias a las leyes o a la Constitución? ¿Acaso hasta la aprobación de ese reglamento era normal que te mandaran hacer cosas ajenas al servicio o contrario a las leyes y te tenías que aguantar?
En cuanto al saludo, el nuevo reglamento dice que en lugares de trabajo o encuentro frecuente, los soldados sólo deberán saludar a sus superiores la primera vez que coincidan con cada uno o cuando se dirijan a ellos. A mí me parece que esto es de sentido común, vamos, que no es necesario escribirlo. Lo malo de convertirlo en norma escrita es que proporciona una visión tan absurda del servicio militar que no es raro, ya digo, que los jóvenes pregunten en seguida que dónde se objeta. Por lo visto, en este reglamento se ratifica también que la asistencia a los actos religiosos será voluntaria. ¿Por qué se ratifica? ¿Es que hay cuarteles donde todavía no se había entendido que no se puede obligar a nadie a acudir a misa?
Lo normal es que la aprobación de esta normativa consiga el efecto contrario al deseado, porque la gente sabe leer entre líneas lo que los autores de la norma han escrito entre líneas. Y lo que han escrito resulta francamente desolador. Además, uno sabe que no hay norma capaz de enmendar la falta de sentido común. O sea, que si lees ese reglamento como si fuera el negativo de la realidad imperante te quedas de piedra. En cierto modo, es muy literario porque dice las cosas sin decirlas. Gracias a él, sabemos cuál es el verdadero estatus del soldado. Las reclamaciones, como siempre, al maestro armero.

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Juan José Millás © 2001
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