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"...El nuevo reglamento dice que en lugares
de trabajo o encuentro frecuente, los soldados
sólo deberán saludar a sus superiores
la primera vez que coincidan con cada uno o cuando
se dirijan a ellos..."
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Leer entre
líneas
A
la vista del reglamento del servicio militar aprobado
la semana pasada por el Consejo de Ministros,
no es nada raro, la verdad, que los objetores
de conciencia se reproduzcan como hongos. Según
tal reglamento, no se podrá ordenar a los
soldados la realización de actividades
ajenas al servicio, ni se estará obligado
a obedecer órdenes que vayan contra la
Constitución o las leyes vigentes. ¿Cómo
se va a meter uno en un sitio en el que es necesario
explicitar que no se deben hacer cosas contrarias
a las leyes o a la Constitución? ¿Acaso
hasta la aprobación de ese reglamento era
normal que te mandaran hacer cosas ajenas al servicio
o contrario a las leyes y te tenías que
aguantar?
En cuanto al saludo, el nuevo reglamento dice
que en lugares de trabajo o encuentro frecuente,
los soldados sólo deberán saludar
a sus superiores la primera vez que coincidan
con cada uno o cuando se dirijan a ellos. A mí
me parece que esto es de sentido común,
vamos, que no es necesario escribirlo. Lo malo
de convertirlo en norma escrita es que proporciona
una visión tan absurda del servicio militar
que no es raro, ya digo, que los jóvenes
pregunten en seguida que dónde se objeta.
Por lo visto, en este reglamento se ratifica también
que la asistencia a los actos religiosos será
voluntaria. ¿Por qué se ratifica?
¿Es que hay cuarteles donde todavía
no se había entendido que no se puede obligar
a nadie a acudir a misa?
Lo normal es que la aprobación de esta
normativa consiga el efecto contrario al deseado,
porque la gente sabe leer entre líneas
lo que los autores de la norma han escrito entre
líneas. Y lo que han escrito resulta francamente
desolador. Además, uno sabe que no hay
norma capaz de enmendar la falta de sentido común.
O sea, que si lees ese reglamento como si fuera
el negativo de la realidad imperante te quedas
de piedra. En cierto modo, es muy literario porque
dice las cosas sin decirlas. Gracias a él,
sabemos cuál es el verdadero estatus del
soldado. Las reclamaciones, como siempre, al maestro
armero.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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