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"...Efectivamente, en nuestra juventud, que
no teníamos dinero ni para un bocadillo,
nos pasábamos el tiempo hablando de teleologías..."
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Teoría
de las causas finales
El
otro día estaba hablando de la vida con
un amigo y me dijo que me olvidara de las teleologías,
que lo teleológico fue un invento de nuestra
juventud sin ninguna vigencia en estos tiempos
de crecimiento exponencial. A la gente ahora le
gusta hablar así; como no hay dinero para
salir a cenar, el que más y el que menos
se entretiene tejiendo discursos que explican
el mundo. Efectivamente, en nuestra juventud,
que no teníamos dinero ni para un bocadillo,
nos pasábamos el tiempo hablando de teleologías,
y así nos ha ido.
El caso es que me disculpé como si tuviera
necesidad de acudir al cuarto de baño y
consulté a escondidas el diccionario. La
teleología es la doctrina de las causas
finales, y el crecimiento exponencial es el que
está elevado a una potencia cuyo exponente
es desconocido. Lo que mi amigo quería
decir es que el mundo actual no es el resultado
de un diseño: o sea, que nos hemos metido
en un lío. Para ilustrarlo, mi amigo me
explicó que las consecuencias de la revolución
industrial eran perfectamente previsibles, puesto
que el tipo de crecimiento que favorecía
era lineal. En otras palabras, si uno sabía
cuántos metros de tejido podía fabricar
un telar, sabía también cuántos
obreros le sobraban; bastaba con hacer la cuenta
de la vieja. Pero con la revolución informática,
combinada además con la mano de obra barata
del sudeste asiático, no había manera
de hacer ningún cálculo. "El
crecimiento exponencial -añadió-
es como si cogieras una cuartilla y la doblaras
sobre sí misma varias veces; en el supuesto
de que no tuvieras dificultades mecánicas
para seguir doblándola cuando ya se te
hubiera quedado algo pequeña, en seguida
alcanzaría la altura de la torre Eiffel:
eso es el crecimiento exponencial, así
que olvídate de las teleologías."
Desde entonces he intentado olvidarme de las teleologías,
pero no soy capaz. Además, me habría
gustado que me explicara, pero no supo hacerlo,
qué pasaría si antes de alcanzar
esa altura, no puedes seguir doblando la hoja.
¿Por dónde se rompe?
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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