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"...¿A quién se le ocurrió,
por cierto, lo de la sierra de pelo, que a mí
lo mismo me sirve para un roto que para un descosido?
¿Y la llave inglesa?..."
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El ferretero
desconocido
La
herramienta más fascinante de todas es
la llamada "alicate universal". Sirve
para enroscar y desenroscar, para apretar y aflojar,
para cortar un alambre o pelar un cable. Parece
mentira que todavía no se haya levantado
un monumento a su inventor. Ya sé, ya sé
que los inventores de las herramientas han sido
por lo general seres anónimos, cuando no
colectivos. Siempre que abro la caja de herramientas
y contemplo toda esa riqueza instrumental, me
pregunto por qué no hay ninguna estatua
al inventor del destornillador o de la sierra
de pelo. ¿A quién se le ocurrió,
por cierto, lo de la sierra de pelo, que a mí
lo mismo me sirve para un roto que para un descosido?
¿Y la llave inglesa? ¿Quién
fue el individuo que se durmió pensando
un día en ese artefacto dotado de una ruedecilla
que abre o cierra, en función del tamaño
de la tuerca, las fauces aceradas? Si el descubridor
de la llave inglesa no pasara a la historia del
utillaje (en el caso de que exista esa historia)
debería pasar sin duda a la de la escultura.
¿O no es la llave inglesa una verdadera
obra de arte?
Pero yo comprendo que quizá los inventores
de todos esos instrumentos que nos arreglan la
vida sean anónimos, como el soldado desconocido,
al que todavía no sabemos qué debemos,
pero del que hay en todas partes una tumba simbólica
con una llama ardiendo a costa del erario público.
¿Por qué, pues, no levantar un monumento
al inventor anónimo de la llave inglesa
o del destornillador de estrella? Muchos dirán
que para dar con el destornillador de estrella
tuvo que haber antes el tornillo de cabeza estrellada,
o que la llave inglesa no habría podido
aparecer sin la tuerca hexagonal. Pero ésa
es una discusión inútil, como la
del huevo y la gallina. Yo levantaría un
monumento a la gallina y otro al huevo. O mejor
dicho, no levantaría un monumento a ninguno,
pues tanto el huevo como la gallina me parecen
dos simplezas dignas de alguien con un sentido
del humor más bien extraño. Pero
si aceptamos que haya piras funerarias dedicadas
a generales de nombres impronunciables que ganaron
batallas que ni nos iban ni nos venían,
¿por qué no homenajear a aquellos
seres desconocidos gracias a los cuales nuestra
caja de herramientas está llena de un utillaje
tan perfecto que de hecho utilizamos a manera
de prótesis?
Personalmente, detesto el bricolaje, pero adoro
las herramientas. En mi casa, sobre la chimenea,
en lugar de una reproducción de Matisse,
tengo un martillo de verdad. Y una manguera en
el interior de una urna, con la orden de que se
rompa en caso de incendio. Y constituye una obra
de arte, aunque de carácter anónimo.
Los ricos todavía van a las subastas y
se gastan cantidades increíbles en cuadros
con firma. No los comprendo. Yo, si alguna vez
tengo dinero me compraré una ferretería
a la que llamaré Thyssen Bornemisza, para
dar el pego.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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