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"...No soporto a los médicos que presumen
de observar el funcionamiento de todo el cuerpo
a través del iris de los ojos, ni a los
curanderos que les basta con olfatearme las plantas
de los pies..."
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La pasión
por la sinopsis
El
sueño del hombre es tener concentrado mucho
poder en un espacio muy reducido. La caja fuerte
responde a ese ideal, lo mismo que el mando a
distancia. En la primera, por pequeña que
sea, cabe un diamante con sus dólares;
con el segundo, puede uno viajar de una película
de vaqueros a otra de ciencia?ficción sin
abandonar el sofá. Hay un cuento de Borges,
El Aleph, donde se habla de un punto en el que
sucede de forma simultánea todo lo que
en la realidad se nos muestra sucesivamente. Y
en los bancos tienen una habitación con
las paredes llenas de monitores para contemplar
al mismo tiempo la actividad de cada una de las
dependencias del edificio entero. La más
alta expresión de esa forma de poder es
el botón nuclear, con el que te puedes
cargar medio planeta utilizando un dedo. Tenemos
tendencia, en fin, a la sinopsis.
Acabo de leer un artículo sobre el poder
curativo de las plantas de los pies. Según
su autor, en ese breve espacio corporal está
contenido todo el organismo, con sus vísceras
y sus vesículas, sus bacinetes y sus fosas.
De manera que si tienes problemas con el bazo,
pongamos por ejemplo, basta manipular la zona
del pie correspondiente a ese órgano para
acabar con el dolor. Visto así, el pie
se convierte en una especie de mando a distancia
a través del cual se podría activar
cualquier órgano, desde los pulmones al
riñón, o desde los intestinos al
páncreas, sin más esfuerzo que el
de ejercer una presión sobre la zona que
corresponda. Bueno.
Todo esto tiene mucho que ver con el pensamiento
mágico, desde luego, al que son tan dados
los pueblos primitivos y los niños. Todavía
hay mucha gente convencida de que la nuez es buena
para el cerebro porque se parece a él,
y los dátiles excelentes para los dedos
de los pies por la misma razón. Excuso
referirme a las frutas de aspecto indecente o
impúdico, que son muy numerosas, y pregunto
a quien corresponda a qué zona del cuerpo
podría representar el hesperidio, que se
divide en gajos, como la angustia (y la naranja).
Todo esto es muy bonito, en fin, muy literario;
la pena es que sea mentira, como la quiromancia;
otro sueño según el cual la existencia
de un hombre cabe en la palma de la mano. A mí
me la han leído muchas veces porque me
gusta observar el ejercicio de concentración
de la bruja, pero sé que jamás hablan
de mí, sino de otros cuyas biografías
voy anotando con escepticismo en mi diario para
calcular cuántos puede llegar a ser uno
al final de su vida.
En fin, que la tendencia a la sinopsis, al esquema,
al resumen, está bien para algunas cosas,
pero resulta fatal cuando devine en una forma
de pensamiento. Y ahora la gente razona mucho
así. Personalmente, me hace gracia, excepto
cuando se trata de mi salud. No soporto a los
médicos que presumen de observar el funcionamiento
de todo el cuerpo a través del iris de
los ojos, ni a los curanderos que les basta con
olfatearme las plantas de los pies. Me gustan
los rayos X y las resonancias magnéticas
porque no tienen nada de mágico. Y es que
yo, doctor, a diferencia de otros, quiero curarme.
Dígame la verdad, ¿tengo algo grave?
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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