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"...He apuntado los números importantes
en una tarjeta plastificada, aunque sé
que tarde o temprano olvidaré también
dónde he puesto la tarjeta..."
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Ojalá
me alcance
Fui
al cajero automático, introduje rutinariamente
la tarjeta y me quedé en blanco. No lograba
recordar mi número secreto. Tras unos segundos
de incertidumbre, anulé la operación
y decidí dar una vuelta a la manzana. Pensé
que el número se había ido de mi
cabeza provisionalmente y que regresaría
en seguida. Pero no regresó. Hice memoria
y recordé varios números sin dificultad:
el de mi teléfono fijo, el del móvil,
el del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y
el del descubrimiento de América. No me
servía de nada saber en qué fecha
se había descubierto América si
ignoraba el número de mi tarjeta de crédito.
Hay que añadir que me encontraba en una
ciudad extraña, donde carecía de
familiares o amigos a los que pedir socorro, y
que no tenía dinero ni para el autobús.
No podía creer lo que me estaba sucediendo.
Entre otros números absurdos, recordé
el del teléfono de una novia de la adolescencia.
Tenía en mi cabeza, en fin, todas las cifras
que no necesitaba, pero no me venía la
única que me hacía falta en esos
momentos. Y aún no me ha venido. He tenido
que llamar al banco para solucionar el problema.
Salí del paso pidiendo prestado dinero
en el hotel, donde incomprensiblemente se fiaron
de mí. Pero la experiencia me ha dejado
una sensación de fragilidad insoportable.
Si en lugar de ocurrirme esto en una ciudad española,
me hubiera pasado en Hong Kong, me habría
vuelto loco. Ahora comprendo por qué me
resisto tanto a ir a Hong Kong. De momento, he
apuntado los números importantes en una
tarjeta plastificada, aunque sé que tarde
o temprano olvidaré también dónde
he puesto la tarjeta. Hay un punto de la vida
en el que todo comienza un proceso de desrealización.
Me pregunto si habré empezado a desrealizarme
por el número de la tarjeta de crédito.
Nunca he considerado que fuera más importante
la fecha del descubrimiento de América
que el número de mi cuenta bancaria. Sin
embargo, recuerdo aquélla y he olvidado
éste. A lo mejor la cultura ha comenzado
a perseguirme después de que yo me pasara
media vida persiguiéndola a ella. Ojalá
me alcance.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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