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"...Dirán
ustedes que Armstrong no pisó la Luna a
la hora de comer, pero es que yo lo vi en diferido,
al día siguiente, y pensé que sucedía
en ese momento..."
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La hora
de comer
Cada
vez que se cumple algún aniversario de
la llegada del hombre a la Luna, me llaman de
la radio y me preguntan que qué hacía
yo mientras sonaba en todo el mundo la frase histórica
del pequeño paso para un hombre, pero un
gran paso para la humanidad. Y digo lo mismo,
claro, porque las cosas son como son y yo siempre
he estado más interesado en labrarme un
porvenir que en forjarme un pasado. O sea, que
me estaba comiendo un bocadillo de calamares fritos
en un bar con el suelo lleno de cáscaras
de mejillones y cabezas de sardinas. Tenían
encendida en un extremo de la barra una televisión
grasienta hacia la que mirábamos todos
porque nos habían dicho que se trataba
de un acontecimiento histórico, aunque
lo verdaderamente histórico para nosotros
habría sido que el bocadillo fuera de jamón
de jabugo, o, mejor aún, que no hubiera
sido un bocadillo, sino un chuletón de
Ávila, pongo por caso, con pimientos fritos.
Dirán ustedes que Armstrong no pisó
la Luna a la hora de comer, pero es que yo lo
vi en diferido, al día siguiente, y pensé
que sucedía en ese momento, de manera que
cada vez que contemplo aquellas imágenes,
se me repite el bocadillo de calamares, que estaban
fritos en un aceite que merecería haber
sido de colza. No me pareció mal que el
hombre llegara a la Luna, sino que tenía
la sensación de que se trataba de un asunto
que no me concernía. A veces se da este
divorcio entre lo histórico y lo personal,
como entre la macro y la microeconomía,
que cada una vez por su lado, qué le vamos
a hacer.
Es sabido que hay quien hace la historia y hay
quien la padece. La habilidad de quienes la hacen
consiste en hacer creer a los que la padecen que
son protagonistas de algo. Pero no es cierto:
aquel pie que pisó hace no sé cuántos
años el improbable suelo lunar no era el
mío. Mientras se pisaba la Luna, en este
planeta nuestro se pisoteaban demasiadas cosas.
Aún se pisotean. Y la hora de comer continúa
siendo la hora del hambre para mucha gente. Eso
es lo histórico. Vale.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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