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"...Las incidencias, en el metro, son mucho
menores quizá porque se trata de un sector
menos desregulado..."
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Chapuza
con pautas
La
semana pasada hice el siguiente trayecto aéreo
experimental: Asturias?Madrid?Almería?Madrid?Asturias.
Ninguno de los cuatro vuelos salió en hora.
Lo curioso es que a todo el mundo le parecía
normal que salieran retrasados. Es más,
cuando hay media hora de retraso la gente considera
que el avión ha salido en hora.
-Yo ya firmaba -me dijo un señor que viaja
mucho-, media hora de retraso en todos los vuelos
de mi vida pasada y futura. El año pasado
desviajé más de lo que viajé.
-¿Qué es eso de desviajar? -pregunté
asombrado.
-Desviajar es salir siempre con retraso, lo sabe
todo el mundo.
-¿Y eso es como moverse en el tiempo?
-Más o menos. Hay gente que después
de estar tres semanas dando vueltas por ahí
en avión regresa a casa tres años
más joven por eso, porque ha desviajado
una barbaridad.
Cuando me dieron los trayectos Asturias?Madrid?Almería,
observé que entre el avión que llegaba
de Asturias y el que salía de Madrid hacia
Almería había muy poco tiempo (apenas
tres cuartos de hora) y se lo dije al empleado.
-¿Usted cree que me dará tiempo
a hacer el tránsito?
-Si no hubiera tiempo -respondió-, el ordenador
no me permitiría emitir los billetes.
-Pero con independencia de lo que diga el ordenador
-respondí-, a usted y a mí el sentido
común nos dice que basta un retraso de
quince minutos en el vuelo de Asturias?Madrid,
que es lo normal, para que no coja el de Madrid?Almería.
El hombre me miró como diciendo que a él
no le pagaban por tener sentido común,
que para eso ya estaba el ordenador, de modo que
abandoné la lógica y cogí
los billetes dócilmente. En efecto, el
vuelo de Asturias salió con retraso, pero
no perdí el enlace gracias a que el de
Madrid salió aún más retrasado.
Cuando estábamos llegando a Barajas, el
comandante tuvo la amabilidad de decirnos las
puertas de embarque por la megafonía de
la aeronave. Había más gente en
mi situación y tenían que haber
visto ustedes la angustia con la que recorríamos
los pasillos de la terminal para no perder el
enlace. Una anciana a la que se le había
caído el neceser fue pisoteada sin compasión
ninguna varias veces.
-No seamos animales -dije intentando poner orden.
-Es que yo tengo una tarifa mini -gritó
uno de los pisoteadores-, sin derecho a cambio
ni a devolución. No tengo derecho a nada.
Así que no puedo perder mi enlace.
Yo también llevaba una tarifa mini, pero
logré sobreponer la ética a la tarifa
y eché una mano a la pobre mujer. En casos
así, no obstante, una azafata de la compañía
podía recoger a pie de avión a los
pasajeros en tránsito y llevarlos tranquilamente
a su aeronave (digo aeronave, en lugar de avión,
porque es un término más culto),
aunque quizá no se le haya ocurrido al
ordenador.
De todos modos, no perdí el enlace, como
digo, gracias al retraso del siguiente vuelo.
Cuando todo funciona mal, sería desastroso
que algo funcionara bien. Finalmente, la chapuza
acaba encontrando unas pautas de comportamiento
y si tú eres capaz de acoplarte a esas
pautas la vida se hace soportable.
A lo que no parece fácil acostumbrarse
es a las reducciones del metro en estas fechas
tan señaladas, que diría mi madre.
Según las cartas llegadas a la redacción,
hay menos vagones y menos cadencia, por decirlo
con elegancia. También menos oxígeno,
aunque el billete cuesta lo mismo. Seguramente
es un ordenador el que toma las decisiones. El
ordenador ha visto que estamos en agosto y ha
cortado por lo sano, aunque el sentido común
nos diga a usted y a mí que conviene cortar
por otro sitio. O no cortar. Por lo visto, es
más penoso llegar en metro desde Canillejas
a Ópera que desde Asturias a Almería.
En cualquier caso, el metro tiene una ventaja
y es que sus usuarios no están dispuestos
a resignarse. El lunes pasado aparecieron en EL
PAÍS Madrid tres cartas de otros tantos
usuarios cabreados, mientras que los usuarios
de los aviones se han resignado a llegar tarde
a todas partes.
De otro lado, cada día hay más aviones
que regresan al aeropuerto al poco de despegar
por algún fallo mecánico. Las incidencias,
en el metro, son mucho menores quizá porque
se trata de un sector menos desregulado. Y es
que la productividad, llevada a sus últimas
consecuencias, es muy poco rentable, aunque muy
peligrosa. Hagan algo.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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