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"...Te ponía los pelos de punta hacerte
cargo de los esfuerzos de aquella hija para ser
querida por unos padres enamorados de un ser inexistente..."
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Conversaciones
A
veces se oyen en el autobús historias que
le alivian a uno de las que tiene que escuchar
por la radio. Yo iba de pie, junto a dos chicas
de instituto que acababan de iniciar una conversación
transcendente.
-Cuando mi madre estaba embarazada de mí
-decía una-, el médico le aseguró
que iba a tener gemelos, así que lo prepararon
todo para dos. Luego resulta que habían
confundido su radiografía con la de otra
y nací yo sola.
Al parecer, sus padres habían contado mil
veces esta historia a quien quisiera escucharla
y a quien no, demorándose en el detalle
de la espera del segundo hijo, hasta que se hizo
evidente que no llegaría y dieron por concluido
el parto.
-Como cuando en una cita a ciegas el otro se retrasa
y hay un instante en el que sabes que no se va
a presentar -añadió con gracia-,
pero te queda la duda de que te haya mirado desde
lejos a ver si le gustabas y resulta que no.
El caso es que la pobre chica había vivido
toda su vida bajo la presión de ese gemelo
inexistente, pues con el paso del tiempo adquirió
la convicción de que sus padres le querían
más que a ella.
-Crees que en las fiestas familiares -continuó-
hablan de las matrículas de honor que saco
en matemáticas o de lo que ayudo en casa,
que me hago la cama desde que tengo siete años?
Pues no; hablan continuamente del gemelo que no
vino y de la cara de idiotas que se les quedó
a los dos cuando el médico dijo que no
había más inquilinos dentro del
útero. Para matarlos.
Te ponía los pelos de punta hacerte cargo
de los esfuerzos de aquella hija para ser querida
por unos padres enamorados de un ser inexistente.
Uno puede competir con una presencia real, pero
cómo enfrentarse a un fantasma.
En esto, las chicas llegaron a su parada, se bajaron,
y aunque las seguí disimuladamente ya no
pude sino coger fragmentos incomprensibles de
su conversación. Póngale cada uno
el final que prefiera sin olvidar la posibilidad
de que usted o yo seamos el hermano invisible
de esa chica infeliz. Finalmente, todos nacemos
incompletos y el lado del que carecemos es el
mejor. Qué vida.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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