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JUAN JOSÉ MILLÁS página oficial

> Identidad e identidades


"...Te ponía los pelos de punta hacerte cargo de los esfuerzos de aquella hija para ser querida por unos padres enamorados de un ser inexistente..."


Conversaciones

A veces se oyen en el autobús historias que le alivian a uno de las que tiene que escuchar por la radio. Yo iba de pie, junto a dos chicas de instituto que acababan de iniciar una conversación transcendente.
-Cuando mi madre estaba embarazada de mí -decía una-, el médico le aseguró que iba a tener gemelos, así que lo prepararon todo para dos. Luego resulta que habían confundido su radiografía con la de otra y nací yo sola.
Al parecer, sus padres habían contado mil veces esta historia a quien quisiera escucharla y a quien no, demorándose en el detalle de la espera del segundo hijo, hasta que se hizo evidente que no llegaría y dieron por concluido el parto.
-Como cuando en una cita a ciegas el otro se retrasa y hay un instante en el que sabes que no se va a presentar -añadió con gracia-, pero te queda la duda de que te haya mirado desde lejos a ver si le gustabas y resulta que no.
El caso es que la pobre chica había vivido toda su vida bajo la presión de ese gemelo inexistente, pues con el paso del tiempo adquirió la convicción de que sus padres le querían más que a ella.
-Crees que en las fiestas familiares -continuó- hablan de las matrículas de honor que saco en matemáticas o de lo que ayudo en casa, que me hago la cama desde que tengo siete años? Pues no; hablan continuamente del gemelo que no vino y de la cara de idiotas que se les quedó a los dos cuando el médico dijo que no había más inquilinos dentro del útero. Para matarlos.
Te ponía los pelos de punta hacerte cargo de los esfuerzos de aquella hija para ser querida por unos padres enamorados de un ser inexistente. Uno puede competir con una presencia real, pero cómo enfrentarse a un fantasma.
En esto, las chicas llegaron a su parada, se bajaron, y aunque las seguí disimuladamente ya no pude sino coger fragmentos incomprensibles de su conversación. Póngale cada uno el final que prefiera sin olvidar la posibilidad de que usted o yo seamos el hermano invisible de esa chica infeliz. Finalmente, todos nacemos incompletos y el lado del que carecemos es el mejor. Qué vida.



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Juan José Millás © 2001
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