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"...Si los bancos y las grandes superficies
fueran listos, financiarían bajo cuerda
a las asociaciones de consumidores..."
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Apaga
y vámonos
Los
bancos viven de nuestro dinero, como es lógico.
Por eso se tendrían que alegrar cada vez
que ingresamos un cheque o que alguien hace una
transferencia a nuestra cuenta. En vez de eso,
nos cobran una comisión. En estos pequeños
detalles, como en el amor, se nota que no existen
verdaderas asociaciones para la defensa del consumidor.
Cuando usted saca dinero de un cajero automático
que no pertenece a su banco, también le
cobran un interés. La tarjeta, sin embargo,
ha ahorrado muchos puestos de trabajo. Deberían
agradecernos su uso. Lejos de eso, nos castigan.
Los beneficios de los bancos son desorbitados.
No necesitan para nada estas miserias. Y a nosotros
tampoco nos importan demasiado, la verdad. Estamos
hablando del detalle.
Sería un detalle que las asociaciones de
consumidores se dieran cuenta de lo que significan
estas mezquindades. Pero para eso hay que tener
criterio. Las asociaciones de consumidores han
demostrado no tener ni poco ni mucho al celebrar
los descuentos en el libro de texto, que son un
regalo para las grandes superficies y no para
el consumidor, que a la larga lo pagará
más caro. Ya lo está pagando más
caro en los países en los que se llevó
a cabo esta maniobra hace cuatro o cinco años.
Las asociaciones de consumidores no han dicho
nada, sin embargo, sobre el regalo que el gobierno
ha hecho a los operadores de telefonía
móvil de tercera generación. A las
asociaciones de consumidores les pasa lo mismo
que al gobierno: que confían más
en la demagogia que en las ideas.
Si los bancos y las grandes superficies fueran
listos, financiarían bajo cuerda a las
asociaciones de consumidores. Y les encargarían
que hicieran exactamente lo que hacen: demagogia.
Claro que, se dirán los banqueros, para
qué vamos a pagar algo que hacen de mil
amores gratis. Por si fuera poco, José
María Fidalgo acaba de pedir moderación
salarial sin necesidad de que Cuevas le ponga
un sueldo. José María Fidalgo, si
ustedes recuerdan, es el secretario general de
Comisiones Obreras, o sea, un sindicato de clase
y todo eso. Apaga y vámonos.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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