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"...Cogió el teléfono una señorita
tan seductora que temí haber llamado a
un teléfono erótico. Le dije un
poco cortado que no me funcionaban los controles
de brillo..."
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Todo va
a peor
Tuve
problemas con los controles de brillo de mi nuevo
ordenador portátil y telefoneé a
la casa para que me echaran una mano. Cogió
el teléfono una señorita tan seductora
que temí haber llamado a un teléfono
erótico. Le dije un poco cortado que no
me funcionaban los controles de brillo y ella
me hizo las preguntas que te hace el pediatra
cuando llevas al niño a la consulta.
-Espero que no sea nada físico -añadió
luego-, porque si es físico no creo que
podamos arreglarlo por teléfono.
A mí me parece que son más difíciles
de arreglar los daños psíquicos,
pero no dije nada porque cada vez que decía
algo me ruborizaba. Quedó en mandarme un
driver a través del correo electrónico
para ver si se arreglaba la cosa. Personalmente,
no sé lo que es un driver. Tampoco sé
lo que es la amoxicilina, pero si el pediatra
me dice que le ponga al niño amoxicilina
se la pongo. Confío mucho en los pediatras
y en las señoritas. A las dos horas abrí
el correo electrónico y, en efecto, había
allí una cosa con aspecto de driver. Se
lo administré al sistema y todo siguió
igual, por lo que volví a llamar por teléfono
a la señorita.
-Que le he dado el driver al niño, y sigue
igual que antes.
-Entonces va a ser un daño físico
-respondió-. No podemos arreglarlo por
teléfono.
La chica lo dijo compungida, creyendo que me daba
un disgusto, pero yo estaba encantado de que mi
portátil no tuviera problemas psicológicos;
es más, en ese instante decidí no
curarle el daño físico. A veces
los llevas a que les arreglen el brillo y les
estropean el fastopen, que es una facultad del
alma.
Me coloqué, en fin, unas gafas de sol para
contrarrestar el brillo y me puse a escribir un
artículo sobre el hedonismo. Le había
oído decir al Papa que es muy fácil
caer en el hedonismo y no salía de mi asombro,
pues a mí el hedonismo me huye desde la
infancia. No comprendo por qué persigue
a los católicos, que lo detestan, pudiendo
hacer conmigo lo que quiera. En estas conjeturas
estaba, cuando apareció en la esquina inferior
derecha de la pantalla un monigote llamado Ayudante
de Office, que empezó a hacer tonterías
al tiempo que me decía lo siguiente:
-Parece que está usted escribiendo una
carta. ¿Desea obtener ayuda?
Aturdido por aquella intromisión, le dije
que no estaba escribiendo una carta y le ordené
ocultarse.
Al cabo del rato, sin embargo, pensé que
lo que de verdad me pedía el cuerpo era
escribir una carta. Quizá, me dije, hacer
lo que te pide el cuerpo sea una forma de hedonismo.
De modo que abandoné el artículo
sobre el hedonismo y me puse a practicarlo con
una carta al sumo pontífice, ya ves tú
mis vicios. Quería preguntarle por qué
persigue con esa furia a los homosexuales, que
no le han hecho nada, y recibe en audiencia a
Haider, sabiendo de sobra que las prácticas
sexuales del fascismo parecen sacadas de una autopsia
como la que ha tenido que hacerle a Antonio Fonseca
un forense de pago (el de la Seguridad Social
dice que no vio los hematomas porque el muerto
era negro y había poca luz). Esas prácticas
sexuales con hematomas, le sugería yo al
Papa, sí que son de ponerle a uno los pelos
de punta, aunque no sean pecado.
En esto, apareció de nuevo el Ayudante
de Office y no dijo nada, pero se puso a hacer
tonterías en la parte inferior de la pantalla.
Ya saben las tonterías a las que me refiero:
a veces, se le enciende una bombilla, como si
hubiera tenido una idea mejor que la tuya, y otras
veces mira de reojo el texto y se rasca la cabeza
como si dijeras cosas disparatadas o irreales.
Harto ya de sus insinuaciones, pinché el
icono correspondiente y le pedí que se
ocultara. La respuesta fue sorprendente:
-Ya me ha ocultado varias veces -dijo-. ¿Desea
ocultarme de nuevo o desactivarme permanentemente?
Le ordené en un arranque de ira que se
desactivara permanentemente y al poco me atacaron
los remordimientos. Temí haberlo enviado
al infierno, porque en la papelera de reciclaje
miré y no estaba. Angustiado, llevé
el ordenador al taller, para que restituyeran
al Ayudante de Office y lo han restituido, pero
creo que no es el mismo. Éste es menos
hedonista, y se parece a Haider. Además,
me han estropeado el fastopen, así que
ahora, sobre el problema físico, tenemos
uno psicológico. Todo va a peor.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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