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"...Antes se hablaba mucho de fidelizar al
cliente. Con ese verbo horrible se quería
decir que las empresas intentaban seducirle a
uno...."
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Reclamar
La
competitividad ha acabado, paradójicamente,
con el servicio de posventa. Ahora las empresas
rivalizan por ver quién trata peor al cliente
tras el coito. Con ello, ha desaparecido también
la pequeña venganza de cambiar de proveedor,
puesto que todos los bancos te tratan igual de
mal; todas las compañías telefónicas
te dejan tirado una vez que firmas el contrato;
todas las empresas aéreas se lavan las
manos después de haberte vendido el billete.
A lo más que puedes aspirar, si la marca
que te ha estafado tiene un logotipo grande en
su fachada, es a descargar tu ira en una línea
902, donde se concentra lo que pomposamente llaman
la Atención al Cliente.
Pura retórica. Si investigas un poco, te
darás cuenta de que el teleoperador (así
los llaman) no sabe si trabaja en una tabacalera
o en una planta atómica. Lee de manera
mecánica unas respuestas absurdas de la
pantalla de un ordenador. Si tu protesta se sale
del formato, te desvía a un supervisor
que añade algo un poco más absurdo
a lo ya dicho hasta que cuelgas el teléfono
en defensa propia. La ira te puede salir muy cara,
porque las líneas 902, al ser especiales,
tienen un sobreprecio que paga el que llama, o
sea, el damnificado. Por otra parte, la persona
a la que gritas con desesperación, además
de ignorar de qué le hablas, no está
ahí para arreglarte la vida, sino para
recibir con paciencia tus improperios. No la han
contratado para ayudarte, sino para soportarte.
Mide tus palabras: podrías estar insultando
a tu hijo o al hijo de un amigo que ha hecho un
máster en biología molecular, aunque,
como es lógico, ha acabado atendiendo un
teléfono en el que la gente le grita cosas
que no entiende por 60.000 pesetas al mes.
Antes se hablaba mucho de fidelizar al cliente.
Con ese verbo horrible se quería decir
que las empresas intentaban seducirle a uno para
que siempre comprara el coche o la lavadora de
la misma marca. Pero ahora, del mismo modo que
sólo buscan trabajadores temporales que
no sepan si venden material quirúrgico
o cuchillos de cocina, sólo les interesan
los clientes ocasionales que no tengan tampoco
mucha idea de si lo que compran es un horno o
un lavavajillas. En cuanto a la gasolina, bajará
cuando aumente la competencia.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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