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"...Asegura mi médico que es un milagro
que la oreja sea oreja todos los días.
O que la nariz sea nariz, y así sucesivamente...."
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Preguntas
Asegura
mi médico que es un milagro que la oreja
sea oreja todos los días. O que la nariz
sea nariz, y así sucesivamente. No es que
quiera decir que lo normal es que la oreja sea
un día patata y otro zanahoria, sino que
para mantener esa rutina orgánica es preciso
un mecanismo cuya complejidad es lo que nos hace
a usted y a mí prácticamente incomprensibles.
Y lleva razón mi médico. Personalmente,
me parece asombroso que la Luna salga todas las
noches, y que los astros funcionen con la precisión
de un reloj suizo. Lo normal es que cada día
giraran a una velocidad diferente, incluso que
algunos días no giraran. Y que los asteroides
chocaran unos con otros todo el rato, como los
automóviles en la operación retorno.
Pero ahí los tienen ustedes, repitiendo
cada hora lo mismo, con una exactitud que no sabemos
a qué se debe ni cuánto tiempo más
piensa durar.
Nuestro cuerpo es como una maqueta del universo.
Para que nos levantemos de la cama y cojamos el
autobús y hagamos, en fin, las tonterías
que solemos hacer en el despacho, tienen que ponerse
en funcionamiento millones y millones de recursos
y células cuya mecánica ignoramos.
Lo más probable es que si la biología
no mantuviera una presión constante sobre
el pie, éste amanecería convertido
unas veces en nabo y otras en remolacha. Tiene
que ser muy costoso que se mantenga con sus cinco
dedos y sus uñas, siempre idéntico
a sí mismo. Los juanetes son una tontería.
Lo verdaderamente milagroso es que no sea todo
juanete. O todo callo.
Sería fantástico poder trasladar
este equilibrio orgánico a la psicología.
Que cada día nos levantáramos con
el mismo estado de ánimo, quiero decir.
Si todas las semanas tenemos el mismo número
de dientes en la boca, y el mismo número
de lenguas y de papilas gustativas, ¿sería
mucho pedir que, una vez alcanzado un carácter
aceptable, nos despertáramos todos los
días con él? ¿Por qué
unas mañanas estamos tristes y otras alegres?
¿Por qué hay jornadas en las que
no saldríamos de la cama, mientras que
otras estamos deseando que amanezca para ponernos
a trabajar? ¿Por qué, en lo psíquico,
la oreja no es siempre oreja ni el párpado
párpado cada día? ¿Por qué
somos una catástrofe psicológica,
mientras que desde el punto de vista físico
mostramos una estabilidad envidiable?
Es más, puestos a elegir, yo preferiría
que la estabilidad de mis órganos se trasladara
a mi modo de ser, aun al precio de que el hígado
fuera unos días hígado y otros una
planta carnívora, o los riñones
amanecieran convertidos en roca los lunes, miércoles
y viernes. Por cierto, ¿por qué
los jueves siempre son jueves? ¿Qué
clase de glándula les proporciona esa increíble
estabilidad? ¿Cómo es posible que
ningún jueves, que yo sepa, haya amanecido
lunes o ningún marzo abril? ¿Por
qué usted no es yo algunos días?
¿Por qué yo soy incapaz de amanecer
usted? Todo son preguntas.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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