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"...El iniciado estaba leyendo un libro de
biología cuando la palabra cucaracha, presente
en la página por la que lo tenía
abierto, abandonó el lugar que ocupaba...."
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El lector
El
iniciado estaba leyendo un libro de biología
cuando la palabra cucaracha, presente en la página
por la que lo tenía abierto, abandonó
el lugar que ocupaba en una oración subordinada
y se deslizó con agilidad hacia la parte
interior del lomo, desapareciendo en seguida por
una costura de la encuadernación. Sobrecogido,
cerró el volumen y lo mantuvo alejado de
sí durante unos instantes, observando sus
bordes con desconfianza. Pasado el rato, y como
no advirtiera ninguna actividad biológica,
pensó que todo había sido producto
de su imaginación y volvió a abrirlo
al azar, tropezando con el capítulo de
los insectos.
Leía, pues, el apartado correspondiente
al cuidado de las crías por parte de la
mosca Sarcophaga carnaria cuando el término
mosca comenzó a desplazarse delante de
sus ojos y, tras errar de forma titubeante por
la página, se dirigió al tercer
párrafo, donde aparecía escrito
el vocablo cadáver, sobre el que se colocó
para digerirlo seguidamente sin prisas, letra
a letra, regresando luego a su posición
original en el texto. No se había repuesto
del susto el iniciado cuando la expresión
aparato reproductor, que aparecía en negrita,
quizá porque estaba preñada, se
aproximó al vacío dejado por la
palabra cadáver y la volvió a parir
en dos o tres minutos con caracteres idénticos
a la devorada por la mosca de los sarcófagos.
Fue al oftalmólogo, quien a su vez lo derivó
al psiquiatra, que le recomendó un endocrino,
según el cual no era raro que en el interior
del ecosistema libro sucedieran estas atrocidades
orgánicas mientras permanecían cerrados.
Pero cuando ocurrían a la vista del lector
significaba que éste debía dedicarse
a escribir con la seguridad de que de su pluma
sólo saldrían frases vivas, dotadas
de metabolismo, vesículas y humores. Ahora
vive de eso.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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