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"...No se ha dado el caso de que un señor
de derechas de toda la vida se mirara en el espejo
y le faltara un brazo, ni siquiera el izquierdo...."
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El espejo
La
izquierda, al contrario de la derecha, es un espejo
roto. Un señor de derechas de toda la vida
se mira en el PP y en seguida ve al Fraga que
lleva dentro. Incluso al demócrata que
lleva fuera. No le falta de nada a ese reflejo.
Cuando está de moda la tolerancia, le devuelve
una expresión tolerante, pero si regresan
los obispos el azogue le retrata bajo palio. No
se ha dado el caso de que un señor de derechas
de toda la vida se mirara en el espejo y le faltara
un brazo, ni siquiera el izquierdo. Si no hay
varios partidos de derechas, es porque los distintos
temperamentos que la integran se complementan
a la perfección. Los azúcares no
excluyen a las grasas, ni éstas a los hidratos
de carbono. La honradez y las stocks options de
Villalonga conviven en una armonía inexplicable,
lo mismo que la pluralidad informativa y la censura,
el divorcio y la indisolubilidad matrimonial,
la defensa de la Constitución y su rechazo.
El espejo del votante de izquierdas, sin embargo,
por no tener no tiene ni marco incomparable. Está
hecho polvo, así que cuando se mira en
él no ve sino fragmentos de sí mismo.
A veces toma el fragmento por la totalidad y prefiere
quedarse en casa en vez de ir a votar, para no
ser cómplice de esa mancha oscura que ha
apreciado en la piel, o de esa verruga que le
ha salido en la frente. Otras veces vota donde
más duele, donde más le duele a
él, en plan autocastigo. Lo que pasa es
que los autocastigos de la izquierda engordan
mucho a la derecha. El PP gobierna ahora mismo
no porque tenga más votos, sino por una
penitencia religiosa que se han impuesto sus adversarios
ateos. La derecha inventó el cilicio, aunque
quien de verdad disfruta con él es la izquierda,
que se ha curado de otras cosas, pero no del masoquismo.
Almunia ha hecho una propuesta para recomponer
ese espejo, de modo que la gente de izquierdas
no se vea rota y confunda el fragmento con la
totalidad, como la paloma de Alberti, que por
ir al norte fue al sur, creyó que el trigo
era agua, se equivocaba, se equivocaba. Pero no
estamos seguros de que pueda ser, porque a lo
mejor no hemos sufrido bastante todavía
y conviene que continúe gobernando Aznar
con los votos de Frutos.
A ver.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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