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> Identidad e identidades


"...Desde que se descubriera la clonación vamos del todo a las partes y de las partes al todo llenos de dudas éticas y económicaso..."


Quizá no

Se pregunta uno por qué es ético reproducir un hígado e inmoral fabricar un ser humano entero. Y es que en Inglaterra han autorizado los hígados, pero han prohibido a las personas. En el resto de Europa está prohibido todo: las personas y los hígados. En EE.UU. puedes cultivar hígados, pero no puedes financiarlos con fondos públicos. Desde que se descubriera la clonación vamos del todo a las partes y de las partes al todo llenos de dudas éticas y económicas. ¿Será esto más ético que económico o más económico que ético? No les quepa la menor duda de que vencerá lo más económico, no por nada, sino porque no hay ética sin plusvalía. Antes se decía que no había ética sin estética, pero ese debate ya está superado. En cualquier caso, sin hígado no hay nada: ni ética, ni estética, ni plusvalía, así que la clonación de embriones es un hecho.
La idea es que usted tenga en su propia casa un huerto biológico que no ocupe mucho, en el que pueda cultivar órganos de repuesto, por si un día le fallara un riñón, una neurona, una papila gustativa, un entresijo. El paso que han dado en Inglaterra va precisamente en esta dirección. Usted podrá tener debajo de la cama tantos órganos clonados como sea capaz de pagar. Lo que no le permitirán es gozar del conjunto de sí mismo. Es decir, que usted no podrá estar al mismo tiempo debajo de la cama y encima de ella. Queda terminantemente prohibido el doble. ¿Por qué? Por ética, al menos hasta que los números no aconsejen otra estética.
Cabe pensar que habrá gente que pieza a pieza acabe por recomponerse clandestinamente desde los pies a la cabeza. No por ética, ni por estética, ni por economía, sino por puro narcisismo. Éste es el punto que falta por introducir en el debate: el del narcisismo. Finalmente, todo va a depender de eso. Los japoneses están poniendo espejos en el metro para que la gente no se arroje a las vías, pues no dan abasto a recoger cadáveres. Gracias al espejo, el suicida se ve antes de saltar y un impulso narcisista le detiene. Antes de legislar, pues, deberíamos mirarnos al espejo, a ver si vale la pena sacar tantas fotocopias de uno mismo. Quizá no.





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