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"... No le den más vueltas. El inventor
del diván era un poeta que se anticipó
en varios siglos al descubrimiento del psicoanálisis
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El diván
Si
un día me animara a escribir una historia
de los objetos, dedicaría un capítulo
al diván, que fue el precursor del psicoanálisis.
Hasta el descubrimiento del inconsciente, no se
sabía muy bien para qué podía
servir un mueble tan raro. Quizá Freud
lo vio de pequeño en una tienda, acompañando
a su madre a comprar una cama turca, y esa visión
terrible de un mueble sin función determinó
su vida. De hecho, no paró hasta que le
encontró una utilidad que se plegara a
sus formas: la del análisis. Personalmente
puedo asegurar que si no me hubiera psicoanalizado,
no habría tenido la oportunidad de usar
nunca un diván, que no es un bicho doméstico,
pues para permanecer sentado resulta incómodo
y para estar acostado insuficiente.
No le den más vueltas. El inventor del
diván era un poeta que se anticipó
en varios siglos al descubrimiento del psicoanálisis.
Los poetas tienen intuiciones de este tipo. De
todos modos, hay unos divanes más austeros
que otros. El de mi analista, aunque bueno para
la espalda, era terrible para los sentimientos
porque tenía algo de catafalco o de mesa
de autopsias. Siempre pensé que se lo había
hecho un amigo aficionado al bricolaje, lo que
no me parecía mal. La deconstrucción
personal que se lleva a cabo en una sesión
tiene mucho que ver con la terapia manual, sobre
todo a la hora de ocultar las piezas que sobran
cuando empiezas a montarte de nuevo.
Después de que me diera de alta, intenté
comprarle el diván a mi analista, para
continuar practicando en casa, por mi cuenta.
Ella lo interpretó como una resistencia
a desprenderme de las menudencias anímicas
que se me habían caído en la tapicería
del mueble, como las monedas que se salen de los
bolsillos cuando uno se sienta en los sofás
y aparecen entre sus cojines meses más
tarde. El caso es que no me lo vendió y
ahora a veces meto la mano en los bolsillos psíquicos,
buscando una manía para defenderme de algo
que me duele y no encuentro ninguna porque se
quedaron todas en el diván, como la calderilla
del alma. ¡Qué loco, el inventor
de ese trasto!
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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