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"...Muchas veces asistí al nacimiento
de los polluelos, que se anunciaba con un breve
temblor en el huevo..."
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Dios y
el Diablo
Mi
padre tuvo durante algún tiempo en casa
una incubadora artificial. Se trataba de una caja
de madera, con la tapa de cristal, en cuyo interior,
gracias a unas bombillas especiales, había
una temperatura constante. Aunque nos dejaba contemplar
el artefacto a cierta distancia, siempre quedó
claro que el juguete aquel era suyo, lo mismo
que el tren eléctrico. De repente, un día
se presentaba en casa con un cucurucho de papel
lleno de huevos que colocaba cuidadosamente en
el aparato. Creo que los polluelos nacían
al cabo de tres semanas, y la espera era excitante.
Recuerdo haberme colocado clandestinamente en
el desván, que era el lugar de la incubadora,
y pasar horas en la contemplación de aquellos
huevos, intentando imaginar las sustancias que
se espesaban en su interior para dar lugar a ese
curioso bicho de dos patas y pico que para mí,
pese a su domesticidad, siempre tuvo algo de animal
quimérico, como el ornitorrinco.
Muchas veces asistí al nacimiento de los
polluelos, que se anunciaba con un breve temblor
en el huevo. A continuación la cáscara
se quebraba ligeramente en algún punto
y en seguida aparecía el animal, amarillo,
húmedo, perplejo. Lo más impresionante
de aquel espectáculo incomprensible era
precisamente el rostro de perplejidad del bicho.
Miraba a un lado y otro con la expresión
del que ha salido del metro en Marte por error.
Una incubadora no es lugar para venir a este mundo.
-Y pensar que hay gente que no cree en Dios -decía
mi madre intentando dar una clase de religión
práctica.
Yo no decía nada, porque en casa estaba
muy mal visto disentir de las manifestaciones
teológicas, pero pensaba que los pollos
de incubadora tenían todas las razones
del mundo para ser unos ateos redomados. Quizá
lo fueran. Ahora bien, visto cómo han evolucionado
las cosas para estos pobres animales proveedores
de dioxina, quizá hayan acabado creyendo
en la existencia del diablo. Es lo que decía
mi madre también en sus últimos
días, al enterarse de los progresos de
la ingeniería genética:
-Y pensar que hay gente que no cree en el diablo.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.
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