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> Identidad e identidades


"...Piensa uno a veces que el fracaso del marxismo se debió a que pretendía una conquista ya realizada: que fuéramos iguales..."



No tenemos remedio

Piensa uno a veces que el fracaso del marxismo se debió a que pretendía una conquista ya realizada: que fuéramos iguales. Estos primeros días del verano se asoma uno a las autopistas, a las playas, a las piscinas, a los chiringuitos de moda con música de actualidad, y comprende que todos estamos cortados por el mismo patrón. Somos iguales, en fin, incluso demasiado iguales. Menuda conquista. Lo difícil, digámoslo de una vez, es erigirse en diferente. De hecho, no se sabe de nadie que haya pasado a la historia por ser semejante a los otros, sino por ser distinto a todos. Einstein, Sócrates, Napoleón, Freud y el propio Marx tenían poco que ver con sus congéneres, de ahí las pasiones que despertaban. Hitler y Franco, también, aunque son amores distintos.
Me pasa un coche grande, incluso muy grande, por la izquierda y en los breves segundos que permanecemos a la misma altura el otro me mira con desprecio. Aunque no nos conocemos, trata de constatar la diferencia entre él y yo, y la encuentra en que su automóvil corre más. Enhorabuena. Por mi parte, me siento distinto a él en que no tengo prisa por llegar a ningún sitio. Enhorabuena también. Los dos hemos adquirido en un momento la porción de diferencia que nos permite ir tirando. A lo mejor mañana nos cruzamos dando un paseo por la misma playa y comparamos con idéntico gesto nuestros cuerpos o la intensidad de nuestras miradas. Y los lunes, por decirlo todo, son idénticos a los martes y a los miércoles y a los jueves... De hecho, el domingo es el resultado de la lucha por construir un día diferente al resto de la semana. Lo que pasa es que nos ha salido mal, porque es peor y porque no hay nada más parecido a un domingo que el anterior, sobre todo en verano y con el flotador a cuestas.
Así las cosas, cualquier filosofía que pregone la semejanza está condenada al fracaso: lo que nos gusta es la diferencia. La única igualdad en la que estamos todos de acuerdo, la de oportunidades, sólo tiene sentido si sirve para que nuestros hijos sean desiguales el día de mañana. Qué pesadilla. Sin duda, es cosa del calor. Y de las vacaciones, tan parecidas a las del año pasado, y las del otro. Muchos se van al Caribe para ser distintos y en ese mismo instante se vuelven idénticos. No tenemos remedio.



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