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"...Hace poco, en el coloquio posterior a un encuentro literario, alguien se refirió admirativamente a la invención del desodorante
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Las axilas

Hace poco, en el coloquio posterior a un encuentro literario, alguien se refirió admirativamente a la invención del desodorante. Todos estuvimos de acuerdo en que ha tenido mayor trascendencia que la del submarino, entre otras cosas, porque un submarino en el que la tropa no usara desodorante sería inviable. Entonces, se levantó una señora y dijo que para hallazgo, hallazgo, el del sobaco. Aunque el acto había comenzado a despeñarse por vericuetos insólitos desde las primeras intervenciones del público, a mí me pareció una vuelta de tuerca excesiva y comencé a poner mala cara. No obstante, la señora añadió: "Se trata de un descubrimiento tan bueno, que ni siquiera hemos sido capaces de encontrar la palabra adecuada para designarlo. Axila resulta cursi, y sobaco, grosero".
A veces, los coloquios quedan fuera de control, convirtiéndose en pequeñas piezas surrealistas. De súbito, el público se dividió entre quienes preferían tener sobacos y quienes estaban seguros de poseer axilas, formando dos bandos irreconciliables. La solución de tener abaco o soxila, que propuse frente a la inoperancia del moderador, fue rechazada por unanimidad. La señora me apremió para que yo mismo, que era el ponente, me definiera: "¿Cómo llama usted a los alvéolos que tiene debajo de los hombros?".
No supe qué responder. Entonces ella levantó el brazo y mostró con impudicia uno de los suyos, completamente rasurado, dejándonos a todos sin palabras: parecía un estuche orgánico en el que nos habría gustado quedar atrapados para continuar el coloquio en sus profundidades. No había derecho a nombrar aquella cavidad de un modo tan obsceno, era verdad, y le di la razón a la señora, con la que luego nos fuimos a cenar para que nos ilustrara sobre otros rincones del cuerpo sin nombre o mal nombrados. Cuando llegué al hotel y me quité la camisa frente al espejo, pensé que era más rico que antes de dar la conferencia. De hecho, había salido de casa con dos sobacos, o quizá dos axilas, y regresaba con dos alvéolos. Menuda diferencia.



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