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Identidad e identidades


"...O sea, que la vida depende, por un lado, de los gusanos, que son los seres más alejados de nuestra morfología, y, por otro, de los mosquitos, que nada tienen que ver con nuestra sintaxis..."


El afán vertebrador

Los gusanos, y no en el sentido metafórico del término, están ocupando últimamente muchos titulares de prensa. Personalmente, me felicito por ello, ya que siempre tuve un gran respeto por estos animales que son capaces de encerrarse a pensar en el interior de un capullo y salir convertidos en mariposas. Por eso, cuando se habla de la vertebración de España y todo eso, uno no comprende muy bien por qué la columna vertebral es tan privilegiada si para la meditación trascendental es un estorbo. Hace poco veíamos que el material genético del hombre y del gusano no eran en el fondo muy diferentes entre sí, y que bastaba una pequeña variación en el ADN para que en lugar de una anguila, pongamos por caso, saliera un bípedo. Así que somos lo que somos de milagro, es decir, porque los genes han caído de este lado, ya que si llegan a caer del otro, en lugar de estar frente al papel tejiendo un artículo, estaríamos en la rama de un pino, tejiendo un capullo de procesionaria.
El caso es que los científicos han conseguido ahora alargar la vida de un gusano a base de manipulación genética y tal. Por lo visto tienen una proteína de cuya producción depende el envejecimiento, de manera que cuando consigan aislarla, y dada las semejanzas entre esos bichos que tanto nos repugnan y nosotros, conseguiremos también prolongar la nuestra. Lo malo es que junto a esta noticia aparecía otra según la cual nuestro peor enemigo es el mosquito. Según la OMS, el 13% de las personas que fallecieron por una enfermedad infecciosa durante 1995 fueron contagiadas por un mosquito. Esa cosa tan pequeña aficionada al clarinete transmite la malaria, el dengue, la filiarosis linfática, la encefalitis japonesa y la oncocercosis, entre otras cosas que no sabemos qué significan.
O sea, que la vida depende, por un lado, de los gusanos, que son los seres más alejados de nuestra morfología, y, por otro, de los mosquitos, que nada tienen que ver con nuestra sintaxis. ¿De dónde, pues, hemos sacado ese afán vertebrador cuyos resultados, si leemos los periódicos, son tan pobres? Misterio. Por mi parte, me apresuro a declarar que siempre me sentí una mosca frustrada
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