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"...La hache es terrible. Mucha gente cree que
arrancándola de la ortografía la
indiferencia sería más llevadera,
el aburrimiento más digno...".
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Punto final
Durante mucho tiempo creí que apatía
se escribía con hache: hapatía,
hapático. Si algo percibe uno las temporadas
en las que se encuentra apático, es el
soplo enfermizo de una hache muda recorriendo
su sistema linfático. Ese soplo no nos
permite hacer otra cosa que permanecer tumbados
en el sofá, dudando entre la poesía
y la novela, la compañía o la soledad,
la vida y la muerte. La apatía (o hapatía)
es una enfermedad terrible, no ya porque no te
permite hacer nada, sino porque en sus peores
manifestaciones puede llegar a volverte hiperactivo.
Personalmente soy apático (hapático,
en realidad), aunque es tal la culpa que ello
me produce que cuando llevo cinco minutos en la
misma silla me levanto. Así es como me
he vuelto hiperactivo. La hapatía, combinada
con la culpa, produce esta monstruosidad de hapáticos
hiperactivos. En la naturaleza hay algún
ejemplo: la lagartija. Este animal permanece quieto
la mayor parte del día, pero cuando le
da por moverse no hay quien le atrape. No hay
nada más hiperactivo que el rabo de una
lagartija. También hay altos bajos. En
mi colegio había un chico al que todos
teníamos por alto. Hace poco lo encontré
en la calle y resulta que era cuatro o cinco centímetros
más bajo que yo. Se ve que su estatura
le llevaba a superarse moralmente de un modo tal
que nos hizo creer a todos que era alto. Es un
misterio el modo en el que la mayoría de
las cosas tienden a su contrario. Los tímidos
suelen ser atrevidos, los atrevidos cobardes,
y en las palabras con hache muda, la letra muda
es la que más canta¼
El sinónimo más evidente de la apatía
es la astenia. Desde la primera vez que escuché
esta palabra supe que le convenía una hache,
aunque quizá no la llevaba por pereza.
Hastenia, hasténico. Es evidente que el
soplo mortal de esa hache invisible es el que
le hunde a uno en la depresión atenuada
que llamamos hapatía. Soy, pues, hapático
y hasténico, de ahí que mi castigo
haya sido convertirme en un hiperactivo. Abulia
también debería llevar hache, habulia.
La hache es terrible. Mucha gente cree que arrancándola
de la ortografía la indiferencia sería
más llevadera, el aburrimiento más
digno.
Durante un tiempo, pensé que la hastenia
era característica del carácter
contemplativo. Santa Teresa de Jesús, tan
contemplativa ella, tan apática, no paraba
sin embargo de hacer cosas. Pero cuando le entraba
el bajón caía en unos arrebatos
místicos que no eran sino una manifestación
de la pereza. El perezoso está condenado
a alternar el letargo con la actividad. Su estado
natural es el letargo, pero lo disimula viajando
todo el rato. Afortunadamente, para viajar es
preciso pasar mucho tiempo sentado: en el avión,
en el coche, en el tren. Por eso asiento debería
escribirse también con hace: hasiento.
De hecho, es una palabra con forma de silla. Usted
disculpe que no me levante.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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