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"...Llevaban veinte años durmiendo cada
uno en el mismo lado de la cama, cuando una noche,
entre sueños, ella ocupó el sitio
de él y él el de ella...".
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Cambios
Llevaban veinte años durmiendo cada uno
en el mismo lado de la cama, cuando una noche,
entre sueños, ella ocupó el sitio
de él y él el de ella. Para los
dos resultó una novedad enfrentarse al
cónyuge por un costado diferente al habitual.
De hecho, el otro no parecía el cónyuge,
sino un intruso que resultaba al mismo tiempo
sorprendentemente familiar, como si se hubieran
conocido en otra vida, o quizá en otro
idioma. Esa madrugada hicieron el amor con una
torpeza morfológica llena de hallazgos
sintácticos, de manera que al levantarse
decidieron extender el cambio a los otros ámbitos
de la existencia. Así él comenzó
a ponerse a la izquierda de ella en la mesa y
a su derecha en el sofá. En el coche, que
habitualmente conducía él, la mujer
ocupó el lugar del conductor.
Este mínimo cambio geográfico modificó
sus vidas, haciéndoles tomar conciencia
de unos territorios corporales inéditos.
Entre tanto, sus fantasmas, abandonados en los
lugares primitivos, continuaron relacionándose
con la rutina anterior. Mientras ellos se abrazaban,
en fin, con la extrañeza de dos adúlteros,
sus espíritus continuaban jugando al matrimonio,
de modo que en seguida devinieron en cuatro individuos,
dos reales y dos imaginarios. Iban juntos a todas
partes, con las posiciones respectivas invertidas,
como la imagen que devuelve el espejo. En los
restaurantes, aunque sólo reservaban mesa
para dos, se sentaban en realidad cuatro y se
pasaban la cena discutiendo sobre las ventajas
de la rutina frente a las de la novedad sin ponerse
de acuerdo.
Transcurrido el tiempo, regresaron por nostalgia
a los lugares de siempre, encontrando sus huellas
como las habían dejado. En seguida, volvieron
a ser dos, y a veces, cuando imaginaban la posibilidad
de ser otra vez cuatro, sentían una pereza
enorme.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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