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"...El
"modo de empleo" se ha popularizado
con los parches, pero lo más probable es
que naciera con el supositorio...".
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Posología
de la dosis
Hoy todo el mundo sabe lo que es un analgésico,
pero hace años esa palabra pertenecía
al lenguaje culto. Lo que no sabríamos
decir es si la oferta de analgésicos creó
los dolores de cabeza o no hizo otra cosa que
responder a una demanda latente, a la que sólo
faltaba poner nombre. Lo cierto es que no se le
ocurre a uno cómo nombrar un medicamento
antidoloroso si no es con esta palabra mágica:
analgésico. Basta casi con pronunciarla
para sentir un alivio considerable, sobre todo
si la pronunciamos al tiempo de tomar una bebida
caliente. Analgésico. Analgésico.
Qué gusto.
Resulta curioso que los periódicos tengan
secciones de divulgación científica,
donde se nos muestra la evolución de los
neutrinos (en el caso de que existan), aunque
no tengamos nada que ver con ellos, y que no ofrezcan
sin embargo una sección de gramática,
de lengua, o como quiera que se llame, en la que
se persiga la evolución de las palabras,
al menos de las palabras cuya influencia en nuestra
vida cotidiana está fuera de toda duda.
Analgésico es una de ellas. Y posología
también. Antiguamente se decía dosis
(o diócesis), lo que no es exactamente
lo mismo.
-¿Cuál es la dosis indicada, doctor?
-Ahora ya no se dice diócesis, sino posología.
El paso de la dosis a la posología fue
muy duro para los hipocondríacos, porque
posología no significa prácticamente
nada. Dice uno "posología" y
no ocurre nada dentro de su cabeza. Sería
mejor decir "posología de la dosis",
aunque quizá constituya una redundancia,
no lo sé. El caso es que a mucha gente
le hace más efecto la pastilla cuando en
lugar de tomar una posología de ella toma
una dosis (o una diócesis).
Otra cosa muy desconcertante que antes prácticamente
no existía es el "modo de empleo".
Se entiende el "modo de empleo" en una
herramienta, pero en una medicina suena raro,
como si en lugar de ingerirla se la tuviera uno
que poner a manera de prótesis. El "modo
de empleo" se ha popularizado con los parches,
pero lo más probable es que naciera con
el supositorio. El primer hombre que vio un supositorio
debió de quedarse como el que descubrió
el centollo. "¿Cómo se come
esto?", se preguntarían los dos. Y
es que no se comen: uno se introduce por el recto
y el otro se chupa.
De pequeño oí la historia de un
enfermo inculto al que el médico había
recetado unos supositorios. Como el hombre no
sabía qué hacer con aquella cosa
tan rara, telefoneó al médico quien
le dijo que se los metiera por el culo.
-¿Qué te ha dicho el doctor? -preguntó
la esposa.
-Se ha enfadado y me ha dicho que me los meta
por el culo.
-Si es que eres un pesado -concluyó la
mujer.
No queremos ni pensar qué habría
sucedido si le hubiera hablado de la posología
en lugar de la diócesis. Las palabras matan.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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