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"....Hoy
puedes comprar por cuatro duros un receptor del
tamaño de un garbanzo y escuchar lo que
se dice en cien metros a la redonda. Lo malo es
que todo el mundo dice lo mismo y eso desazona
mucho...".
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La radio triste
Hay un cuento de Cheever, La radio triste, en
el que una mujer se hunde en una depresión
porque su aparato de radio, debido a una rareza
técnica, comienza a captar todas las conversaciones
de las casas vecinas. Lo que entristece a esta
mujer es la comprobación de que las vidas
que le rodean son tan estériles como la
suya. Uno necesita creer que hay grietas en la
realidad por las que se accede a formas de vida
superiores. Los norteamericanos, por ejemplo,
acaban de condenar al actor inglés Hugh
Grant porque ese chico constituía para
ellos una de esas salidas. No le perdonan que
se comporte como todos después de haberle
ascendido a los altares. Cada sociedad crea sus
santos. En Estados Unidos, los chicos de COU pueden
ir al instituto con pistola, pero no deben practicar
el sexo dentro del coche porque eso desprestigia
mucho, qué le vamos a hacer.
La vida es dura. Yo tengo en casa un teléfono
inalámbrico y cuando lo utilizo desde la
cocina se llena el auricular de conversaciones
ajenas. Y, entonces, me pasa lo mismo que a la
mujer de La radio triste, que me hundo en profundas
depresiones, porque no escucho nada de interés.
Todo el mundo tiene un cuñado al que han
de operar de una hernia o un hijo que se ha dejado
suspender la EGB para fastidiar las vacaciones
familiares. Ni siquiera en las conversaciones
amorosas hay morbo, porque el lenguaje del amor
está tan codificado como el de la tristeza
y por más que orientes la antena no consigues
escuchar nada que tú mismo no hayas dicho
cien veces.
Así que el cuento de Cheever fue en realidad
una premonición, porque su radio triste
está por todas partes. Hoy puedes comprar
por cuatro duros un receptor del tamaño
de un garbanzo y escuchar lo que se dice en cien
metros a la redonda. Lo malo es que todo el mundo
dice lo mismo y eso desazona mucho. Y si te niegas
a comprar el receptor, da lo mismo, porque la
prensa te servirá en primera página
los estertores de Hugh Grant, que jadea como cualquiera
de nosotros. De manera que no hay salvación:
te puedes deprimir, pero sin hacerte ilusiones:
tu depresión no será más
elevada, ni más profunda que la mía.
La vida es dura.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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