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"....Hablábamos de las calles y de los
cambios que experimentan durante nuestras ausencias.
Lo más parecido a ellas, en el periódico,
son los anuncios por palabras...".
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El peligro de
las esquinas
De vez en cuando regresa uno al barrio de su infancia
y encuentra todo tan cambiado que le cuesta reconocerse
en ese mundo hasta que un olor, un rótulo,
una esquina, le devuelve de golpe al lugar del
que quizá no debería haber salido.
Hace años fui con mi madre a Galerías
Preciados (actual FNAC) y al acabar las compras
nos extraviamos por las calles de detrás
de la Telefónica, en cuyas esquinas había
mujeres para mí del todo incomprensibles.
-No mires -dijo mi madre mientras aceleraba el
paso.
Y yo agaché la cabeza, aunque continué
indagando de reojo sin comprender lo que veía
y, lo que es peor, sin atreverme a preguntar qué
era aquello que turbándome tanto carecía
de nombre. Suelo tener muy pocos sueños
recurrentes; uno de ellos guarda relación
con estas mujeres que le llaman a uno desde las
esquinas aparentando que anhelan su sexo cuando
por lo visto sólo desean su dinero.
El dinero está por otra parte tan sexualizado
que muchos hombres confunden una paga extra con
una erección y un golpe de suerte en los
negocios con un aumento de la potencia venérea.
Lo hemos visto hace poco, con la inauguración
del euro. Parecía que estrenábamos
otra cosa: un órgano productor de eyaculaciones
asombrosas. De hecho, y según los telediarios,
todo el mundo hizo negocio con esa moneda invisible.
Ahora han adquirido los mercados un tamaño
más normal, pero si el euro posee la capacidad
de recuperación que se le supone puede
volver a eyacular oro sobre las Bolsas en cualquier
momento. Lo que todavía no sabemos es si
se excita más con las fantasías
de dentro o con los imágenes de fuera.
Ignoramos, en fin, si se trata de una moneda onanista,
como la libra esterlina, o heterosexual, como
el dólar americano.
Pero nos hemos desviado del asunto. Hablábamos
de las calles y de los cambios que experimentan
durante nuestras ausencias. Lo más parecido
a ellas, en el periódico, son los anuncios
por palabras. Empecé a leer los periódicos
por esa sección, husmeando sus rincones
tipográficos con la misma actitud con la
que se vagabundea por los callejones del casco
antiguo de una ciudad desconocida.
Veía, con la misma pasión que los
escaparates, las ofertas de trabajo, las ventas
de objetos de segunda mano, las demandas de servicio
doméstico...Siempre había alguna
sorpresa nueva a la vuelta de la esquina, al atravesar
un anuncio. Con los años, aparecieron reclamos
nuevos: detectives, contactos personales, astrología,
promesas sexuales y hasta gente que pretendía
curar la eyaculación precoz a través
de teléfono... Lo divertido de ese callejeo
impreciso es justamente que al lado de una oración
a san Lucas Tadeo puede aparecer una "viuda
caliente" o "una modelo de Play Boy"
excitándole el euro o la peseta al lector,
y junto a ellas, con sólo cambiar de columna,
se presenta un señor dispuesto a comprar
una residencia de ancianos en Madrid o alrededores.
Hacía tiempo que no visitaba los anuncios
por palabras y ayer, al volver a ellos con la
frente marchita (ya se comprende que la nieve
del tiempo ha blanqueado mi sien) sentí
una turbación semejante a la de aquel día
en el que nos perdimos mi madre y yo por los aledaños
de la Red de San Luis. Ahora, en todas las esquinas
de esta publicidad polvorienta y acogedora, como
de casco antiguo y roto, hay fotografías
de mujeres ofreciéndose al lector en las
posturas más inverosímiles. Ignoro
desde cuándo se produce exactamente este
fenómeno, pero puedo asegurar que hace
tres o cuatro años no se daba. Y los textos
también han cambiado mucho. De repente,
hay una "ejecutiva" que te lo hace debajo
o encima de la mesa de su despacho, donde tú
prefieras. Y una "anticuaria" cuyos
reveses económicos la han conducido a esta
esquina de papel para hacerlo "por la voluntad".
Y aparece completamente desnuda una tal Vanesa
que asegura ser ninfómana y necesitar sexo
a todas horas. Pero lo más sorprendente,
al menos desde que yo no visitaba la sección,
es el modo en que han llegado hasta nosotros los
hábitos sexuales de Clinton y Mónica
Lewinky. No sé si se podría calificar
el hecho de colonización cultural, pero
lo cierto es que muchas de estas mujeres aseguran
hacerlo todo, todo, con la boca. Observándolas
entre perplejo y asustado me pareció oír
la voz de mi madre.
-No mires.
E hice como que no miraba, aunque continué
observándolas de reojo sin entender qué
hacían allí. Y, lo que es peor,
sin atreverme a preguntar.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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