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"....Yo colecciono historiales clínicos
porque estoy muy interesado en las propiedades
sinestésicas de este género literario...".
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Cosas de la
privatización
Los hospitales con problemas de espacio han comenzado
a deshacerse de los historiales clínicos
de sus pacientes. Ya hay empresas privadas que
se dedican a gestionar toda esa documentación
donde están anotadas las faringitis de
usted o los cálculos de riñón
de su cuñada. Hace poco, en un baratillo
de Palma de Mallorca aparecieron miles de historias
clínicas que se vendían por dos
duros. No es el primer caso, ni el último.
Yo colecciono historiales clínicos porque
estoy muy interesado en las propiedades sinestésicas
de este género literario. Los tengo en
la mesa de trabajo y leo uno o dos antes de ponerme
a escribir. De este modo, un día escribo
con los síntomas de la escarlatina y otro
con los de la fiebre del heno. Se trata de una
argucia muy útil para ser otro durante
algunas horas sin correr grandes riesgos físicos
(de los psíquicos mejor no hablar).
Una vez al mes, para descansar, leo historiales
que terminan con el fallecimiento del paciente,
y ese día me dedico a recorrer la casa
con la nariz afilada y las facciones cerúleas,
como un difunto, apareciéndome a la asistenta
y al cartero.
-¿Por qué no escribes hoy? -me pregunta
indefectiblemente mi mujer.
-Es que estoy haciéndome el muerto -le
digo yo.
-Pues te podías hacer el muerto en el sofá.
No dejas de moverte y me pones nerviosa.
No comprende que mis muertos favoritos son los
que se aparecen. Ella prefiere los muertos que
desaparecen. Cada uno tiene sus gustos, por eso
nos queremos. O sea, que de la pérdida
de los historiales clínicos pueden obtenerse
algunos beneficios, siquiera sean de orden literario.
Lo malo es que comience a suceder algo parecido
con los pacientes. De hecho, hay hospitales que
ya no saben qué hacer con los enfermos,
que son una lata, y darían cualquier cosa
por subcontratarlos a una empresa privada. Quizá
dentro de poco, en los baratillos, junto al hospital
correspondiente, nos vendan al agonizante. La
privatización tiene sus cosas.
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que mañana podrás leer un nuevo
ARTICUENTO de Juan José Millás.

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